Violencia contra la mujer, la plaga que se expande sin pena ni remordimientos

Entre arrebatamientos de vidas, agresiones de toda clase e impedimentos de libertad, la violencia hacia la mujer se expande como una plaga generalizada en nuestra sociedad. El mal de esta problemática de género suele llegar hasta su culminación: los feminicidios.

La violencia hacia la mujer se expande como una plaga generalizada en nuestra sociedad.
La violencia hacia la mujer se expande como una plaga generalizada en nuestra sociedad.

El hilo que lentamente desata la vida de cientos de mujeres, en muchos casos, se presenta con la violencia de género, pues esta problemática es responsable de degenerar la integridad física y mental de aquellas personas quienes son víctimas. Existe un sinfín de manifestaciones que atentan contra mujeres en contextos sociales, políticos, familiares, culturales, etc.

Según datos del Observatorio de la Mujer, desde enero hasta mayo, se dieron a conocer 32 casos de feminicidios y, la mayoría de ellos, fueron ocasionados en torno a una relación amorosa. Así también, la situación cruza fronteras, ya que salieron a luz tres casos de mujeres paraguayas asesinadas en el exterior, algunas de ellas quemadas y arrojadas al mar.

La jefa de Relaciones Públicas de la Policía Nacional, María Elena Andrada, aseguró que se registraron 21 casos de feminicidios confirmados en lo que va de año sin contar con los últimos sucesos ocurridos en el mes pasado como, por ejemplo, la muerte de una mujer quien recibió un disparo por parte de su pareja en el barrio Pa’i Ñu de la ciudad de Ñemby o el fallecimiento de una joven de 18 años, quien tras ser empujada por su pareja en la ruta 1, fue arrollada por un rodado.

Por otro lado, comentó que en promedio reciben alrededor de 100 denuncias diarias por violencia doméstica, mientras que los fines de semana la cifra se duplica. Sin contar las denuncias que no son realizadas por miedo o desinformación, los datos reflejan un severo y mal estado que nuestro país afronta cada día en los hogares.

Aunque existan organizaciones y ciertas políticas públicas que avalan a mujeres vulnerables a la violencia, el lema “Ni una menos”, lastimosamente, no está haciéndose realidad. Informes del Ministerio de la Mujer revelan que el 21% de las víctimas fatales son menores de 20 años y un 38%, jóvenes de 21 a 30 años. De acuerdo a tales cifras, los daños colaterales afectan a 40 menores huérfanos de madre por culpa de los asesinatos registrados en estos últimos años.

LEGADO DE UNA HISTORIA MACHISTA

Ya desde la época colonial y de los sistemas políticos paternalistas del Dr. Francia y Carlos A. López, nuestro territorio fue desarrollándose bajo una costumbre en la que el dominio era ejercido por el hombre, generando influencias patriarcales que someten a los demás a mantenerse en un plano inferior.

De generación en generación y con el pensamiento de poderío que el sexo masculino fue llevando por años, las consecuencias de una cultura machista se ven a flote en actitudes y comportamientos en la actualidad. Una raíz que fue desarrollándose con frases de la abuela que hacían referencia a que las mujeres deben quedarse en la cocina y los hombres no deben llorar, también integran la lista de las causas.

Aunque los tiempos cambian y ciertas costumbres y estereotipos van desconstruyéndose, aquellas disputas y violencia doméstica que las familias mantenían entre cuatro paredes a puerta cerrada, poco a poco, fueron viendo luz para que la justicia ponga mano. Entre historias y costumbres, nuestro país sufre las consecuencias.

EL TRASFONDO METAL DE UN FEMINICIDA

El especialista en psiquiatría Dr. Óscar Paats manifiesta que uno de los factores que influye en el acto de agresión en una persona es la falta de educación en escuelas y colegios, pues no existe algún material didáctico educativo que informe a los niños en cuanto a prevención de violencia de género. Desde otra arista, menciona que a nivel cultural un individuo adquiere costumbres que atentan contra la integridad femenina y que van replicándose a lo largo del tiempo.

“Un feminicida es una persona con tendencias psicopáticas que no posee remordimientos, no muestra culpa ni pena y que muchas veces produce quemaduras, mutilaciones o daños irreversibles a los sentidos”, refiere el especialista. Del mismo modo, sugiere que se debe tener cuidado e identificar las señales cuando hay relacionamiento con esta clase de personas.

El psiquiatra afirma que la personalidad de un feminicida adopta la manipulación como medida de control sobre sus víctimas, a fin de aislarlas. “La violencia va siendo escalativa; al inicio solo es maltrato verbal, luego psicológico y físico; además, también usan la mentira como instrumento de control sobre la víctima; entonces, en últimas instancias, cuando el agresor no se siente complacido termina en ira y asesinando a su pareja”, señala.

La frase manipuladora que dice; “Te prometo que voy a cambiar” debe ser signo de alerta, pues existen altas probabilidades de que el agresor vulva a dañar a su pareja, especialmente cuando no recibe un tratamiento. Paats añadió que, si la persona reconoce y tiene la verdadera intención de cambiar, lo puede hacer. “Existe medicación en los casos más severos, pero requiere de mucha constancia porque generalmente cuesta mucho tiempo, ya que es como hablar un nuevo idioma sobre el manejo de sus emociones y cómo canalizarlas”, indica.

Para lograr identificar cuándo una mujer es víctima de violencia, el psiquiatra menciona algunas señales: el control sobre la relación y el estrago de los valores de la víctima con expresiones como “vos no servís para nada”, “a vos nadie te va a querer” o “siempre fuiste una mala persona”.

LAS ACCIONES DEL ESTADO

La Dra. Raquel Iglesias, directora del observatorio de la mujer, refiere que una reciente ley las protege de forma íntegra y, además, el Ministerio de la Mujer, a través del Servicio de Atención a la Mujer (SEDAMUR), ofrece atención, información y asesoramiento a víctimas de violencia doméstica, intrafamiliar y de género. “A nivel de América Latina, nuestra ley es mucho más completa que otras, pues podemos contar con nuestro propio ministerio como elemento de acción preventiva”, dice.

En toda clase de violencia perpetrada hacia las mujeres, la línea 137 está dispuesta las 24 horas: una vez que se haya llamado a este número, los funcionarios orientan a la víctima que sufre de agresión, derivándola a la Policía Nacional, para que la fiscalía pueda intervenir en el caso. Del mismo modo, la directora cuenta que existe un proyeto de ley que se está trabajando ante la falta de una unidad de juzgado especializado en feminidicio.

Además, se encuentra el proyecto de ley que nació del Senado para brindar ayuda exclusiva y garantizar el desarrollo integral y económico de las y los hijos huérfanos de madres que fueron víctimas del feminicidio. “Tenemos unas 28.000 llamadas a nivel país en la línea 137 y 250 mujeres de promedio diario acuden a Ciudad Mujer de Villa Elisa para su atención”, resalta Iglesias, mencionando que existen líneas de acciòn con enfoques de empoderamiento económico de las mujeres, participación política y social.

En 2017 hubo 53 víctimas, en el 2018 la cifra aumentó a 56 casos de muerte; no obstante, la directora afirma que este año existe un descenso, pues hasta el mes pasado se registraron 22 casos, en comparación con agosto del año anterior, 31 muertes por feminicidio, lo que significa seis víctimas menos. “Parte de nuestra ley menciona que las personas que conocen casos de violencia deben realizar la denuncia correspondiente porque a veces las víctimas no denuncian por miedo”, puntualiza.

UN MAL ENDÉMICO Y MUTILADOR

La activista feminista, responsable del movimiento político Kuña Pyrenda, Lilian Soto, considera que el factor principal que da camino a la violencia de género es la cultura machista y patriarcal insertada en nuestra sociedad, pues estos puntos ven como normal la “superioridad” masculina y ubica a las mujeres en el lugar de objetos de propiedad de los hombres, lo cual normaliza el castigo a las mismas.

“Kuña Pyrenda ha ofrecido espacios de debate sobre el tema, así como apoyos específicos a mujeres que viven violencia de género, acompañando sus denuncias, movilizaciones y otras acciones, en conjunto con otras organizaciones”, relata Soto. Además, refiere que la violencia hacia la mujer es como un mal endémico y extendido que impide a las mujeres llevar una vida plena.

Haciendo referencia a la falta de inversión e interés en educación por parte del Gobierno, Soto deduce que una salida puede ser la formación con perspectiva de género en la niñez y la adolescencia, además de crear debates sobre los contenidos de la masculinidad.

“Es importante un compromiso serio por parte del Estado para el fortalecimiento y la creación de puntos de atención de mujeres; así también para el establecimiento de programas y servicios que puedan dar una respuesta integral a la violencia de género”, concreta.

Insultos, agresiones físicas o psicológicas son motivos para denunciar al 137, pues no callarse y acudir a organizaciones de mujeres así como a instancias públicas constituyen pasos principales que pueden hacer justicia cuando la violencia se presenta. Callarse no es la solución y la lista de feminicidios no debe alargarse.

Reportaje de Ezequiel Alegre (18 años)