Este es un relato de ficción: Don Pedro se prepara para ir rumbo al trabajo; su mirada denota ansiedad y comienza a temblar a medida que se acerca a su vehículo. Al manejar por la avenida Eusebio Ayala, los demás conductores le bocinan con rabia, ya que Pedro conduce con dificultad a una velocidad muy baja. El señor llegó tarde al laburo y comenzó a refunfuñar, diciendo: “La próxima me vengo en taxi, odio conducir”.
El drama de Pedro es un padecimiento emocional estudiado por profesionales de la psicología. La amaxofobia está incluida en la categoría de problemas de la ansiedad en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. De acuerdo a un estudio de un instituto español de seguridad vial, el 64% de las mujeres y el 36% de los hombres padecen este problema.
No debemos confundir a la amaxofobia con el miedo que sienten muchos cuando conducen por primera vez. Es frecuente sentir un poco de nerviosismo, debido a que no es lo mismo acostumbrarse a recorrer en bicicleta las calles del barrio que manejar un vehículo por las caóticas avenidas.
Con tal de no conducir, las personas con amaxofobia suelen contratar un chofer particular que esté disponible para trasladar a sus clientes a cualquier sitio. Asimismo, los taxistas son convocados para cumplir su oficio; no obstante, esto se traduce en muchos gastos.
Temblores, taquicardia, rigidez muscular y pensamientos relacionados a accidentes son signos que manifiesta una persona con amaxofobia. Recientemente, con el objetivo de buscar una solución tecnológica, estudiantes mexicanos del Instituto Politécnico Nacional diseñaron una aplicación llamada “Fahrer”, la cual permite a quienes sienten pánico al volante manejar un vehículo de forma virtual por diversos escenarios en la app.
Con varios locos que ocasionan fatales accidentes por sus criminales imprudencias, ¿quién no teme por su vida y piensa que un paseo en la vía pública puede ser el último? Muchos suelen pensar de esta forma; sin embargo, una persona con amaxofobia se atormenta con esta idea, incluso si solo conduce por su barrio.
Existen tratamientos para los que anhelen escapar de este drama psicológico; las escuelas de conducción y el apoyo de familiares con experiencia al volante son fundamentales para superar la amaxofobia. Tengamos paciencia; el nerviosismo, sumado a la alta velocidad, es el peor aliado en las rutas. Quizás tu prójimo conductor padezca de este trastorno, por lo que se siente intimidado al oír los bocinazos de los automovilistas, quienes además le llenan de insultos con palabras irreproducibles.
Por Víctor Martínez (19 años)
