Sin que uno se percate, la atención puede ir de un lugar a otro. Seguro alguna vez te pasó que estabas todo inspirado contando algo, viene tu amigo, te interrumpe y de repente olvidaste lo que estabas diciendo. Fuiste predispuesto a comprar algo, llegás al lugar y no lográs recordar qué es lo que estabas buscando. Algo que pasa frecuentemente a los chicos y a las chicas es que van conversando por la calle, ven a una persona llamativa y al retomar la plática, lo primero que preguntan es ¿qué te estaba diciendo?
Según el psicólogo Carlos Viera, la razón de tal episodio es que nuestra memoria se divide en dos partes: memoria a largo plazo, donde guardamos las informaciones como recuerdos infantiles o hechos del pasado, y la memoria a corto plazo en la cual almacenamos las cosas que acabamos de recibir, hacer, escuchar o decir.
Explica que la segunda parte de la memoria actúa por medio de un incentivo, por ejemplo: si voy de compras a un lugar, pero estoy usando mi celular o por el camino veo algo llamativo, el estímulo automáticamente recae sobre otra cosa y borra lo que habías conservado.
El profesional comenta que tener este fenómeno no es algo de lo que uno deba preocuparse si se presenta en el día a día con hechos intrascendentes ya que nuestra memoria a corto plazo es una adaptación evolutiva que nos ayuda a no cargarnos con demasiada información. Sin embargo, si aparece en lo académico, es muy importante consultar con un especialista para que haga la evaluación necesaria y, a partir de ahí, ver qué tipo de intervención se tiene que realizar.
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En los estudiantes se presentan con frecuencia estos hechos ya que el estímulo está en las cosas que les resultan más placenteras, como entretenerse con algo que les gusta y no en memorizar fórmulas o estudiar. En estos casos se nota la falta de seguimiento, la carencia de interés y la ausencia de psicólogos educativos en las casas de estudios que pueden ser motivos por los cuales no se alcanzan los niveles necesarios del aprendizaje.
Recordamos una frase del filósofo Jhon Dewey que decía “la educación debe recaer en la necesidad de cada persona y no en el contenido programático”. A veces se quiere enseñar, pero tal vez el alumno tenga atención dispersa u otro déficit y necesita seguir un tratamiento para mejorar su calidad de aprendizaje.
Teniendo en cuenta la presencia de atención dispersa en lo habitual, tal vez vos o tus amigos, quienes se distraen fácilmente y luego la mente se les queda en blanco, solo están orientando su enfoque en cosas que les gustan más.
Por Andrea Parra (18 años)
