En julio pasado, ciudadanos civiles viajaron hasta la desembocadura del río Pilcomayo y, con la ayuda de veterinarios, rescataron a los yacarés que estaban muriendo debido a la falta de agua en la zona. Después, llevaron a los animales hasta tajamares privados para que pudieran sobrevivir.
El Ministerio de Obras Públicas anunció, posteriormente, que se haría cargo de los trabajos medio ambientales. De esta forma, sus técnicos perforaron pozos y bombearon agua salada, a pesar de que se les advirtió que los yacarés no soportarían la salinidad. Los “expertos” del ente público afirmaron que, a través de un análisis, comprobaron que el líquido estaba en condiciones para que los animales sobrevivieran.
Sin embargo, los resultados demostraron lo contrario. Por medio de un video, los lugareños exhibieron los cadáveres de los yacarés, que habían sufrido una terrible deshidratación, a causa de la sal que tenía el agua. Y no es para menos que estas personas se indignen, pues la buena acción que estaban llevando a cabo fue a parar al bote de la basura por culpa de la inoperancia de los técnicos del MOPC.
Según Eduardo Petta, quien denunció el hecho en el Senado, los trabajos costaron más de G. 200 millones. Lastimosamente, este dinero, en lugar de aportar al cuidado del medio ambiente, solo sirvió para dar muerte a unos pobres animales.
Algunos dicen que este no es un problema grave en comparación con la caída de escuelas o los casos de corrupción en los entes públicos. No obstante, la muerte de los yacarés es la muestra de irresponsabilidad, insensibilidad e ignorancia que poseen muchas de las personas que ocupan cargos tan importantes y delicados en el Gobierno.
Muchos ciudadanos pedimos que las entidades públicas emprendan acciones y no se queden de brazos cruzados ante las necesidades del pueblo, pero una cosa es hacer algo con profesionalismo; otra muy distinta, proceder de tal manera que empeore una situación ya de por sí delicada.
Por otro lado, vale la pena admirar la tarea que emprendieron los ciudadanos que aportaron su granito de arena en la lucha contra el desastre medioambiental y decidieron cuidar a los yacarés. Tristemente, el MOPC no asumió debidamente su compromiso de apoyar esta noble acción.
Ahora debemos esperar que los responsables reciban la sanción que se merecen y que este hecho no quede en eloparei. “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”, decía Mahatma Gandhi. Es cierto, si nuestras autoridades se comportan cruelmente con los animales, ¿cómo mantener la esperanza de que la salud, la educación y la seguridad reciban la debida atención por parte del Gobierno?
Por Viviana Cáceres (18 años)
