El Premio Nacional de Literatura 2017 llegó a pasos de tortuga y bien escondido

Luego de tres meses y varios pisoteos a la ley, el Premio Nacional de Literatura 2017 fue entregado a Susy Delgado a escondidas. Mientras el presidente jugaba tuka’e kañy y su ausencia brillaba en la ceremonia, demostró su poco interés hacia la cultura.

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Pisotear las leyes y hacer la vista gorda ante asuntos importantes son ahora los pasatiempos favoritos del presidente Horacio Cartes. Las letras parecen importarle poco y nada al mandatario, quien demostró esto a través del trato negligente que tuvo con la escritora Susy Delgado, distinguida con el Premio Nacional de Literatura 2017.

En el árbol de los sueños de la escuela San Francisco, un pedazo de cartulina y una frase mal escrita testificaron que Cartes necesita mucho más amor hacia la literatura. El mejor regalo que alguien puede hacerle al presidente es un diccionario, pues su ortografía lo pide a gritos.

Para colmo, el mandatario se negó a la oportunidad de compartir unos minutos con la autora de “Yvytu Yma”, quien podría haberle enseñado unas cuantas normas de acentuación, pero Horacio ni se dignó a entregarle el premio directamente en las manos.

En octubre de 2017, se nombró a Susy Delgado como ganadora del máximo galardón de las letras en nuestro país; en noviembre de ese mismo año, la escritora debía recibir el premio tan merecido. Sin embargo, parece que esta distinción viajó sobre el caparazón de una tortuga coja, pues llegó con tres largos meses de retraso.

La escritora de “Yvytu Yma” fue condenada a una larga espera y luego la sometieron a la indiferencia del primer mandatario. Según la ley, cada presidente debe entregar el premio directamente al ganador en una ceremonia pública; en este caso, a Susy solo le dedicaron un pequeño acto discreto sin la presencia del jefe de Estado.

En sus redes sociales, el presidente Cartes crea una máscara que cubre la realidad de la patria. Con una ortografía sorprendentemente buena para ser del mandatario, hace parecer que la educación paraguaya se encuentra en las mismas condiciones que la de una nación europea. Sin embargo, en cuanto a la cultura y la enseñanza, nuestro país sigue estando en la cola del progreso.

Si la literatura no merece un poco de respeto por parte del presidente, el país primermundista que Cartes pinta no traspasará su imaginación, pues la lectura constituye un eslabón muy importante para el avance de una nación. ¿Será que el mandatario no notó el malísimo ejemplo que ofreció a los jóvenes al ningunear un premio tan importante? Si uno educa con las acciones, las de Horacio sirven para enseñar lo que no se debe hacer.

Por Belén Cuevas (16 años)

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