En Navidad, nuestros pesebres se destacan por su originalidad y belleza

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¿Sabías que el origen de los pesebres se remonta a la Edad Media? Hasta hoy, esta tradición sigue vigente en muchas partes del mundo. En nuestro país, existen curiosas creencias acerca de esta popular costumbre para recordar el nacimiento del niño Dios.

“Dos trocitos de madera ya techaron el establo; en el cielo hay una estrella que guía a los reyes magos; el niño, José y María moldeados en el barro, dan la imagen navideña ita jegua color rosado”, dice la popular canción de Maneco Galeano, que hace alusión al tradicional pesebre paraguayo.

Con la próxima llegada de la Navidad, ya se pueden apreciar en muchos lugares los tradicionales pesebres conformados por figuras de yeso o barro de una amplia variedad de colores, precios y tamaños. En esta temporada, es común ver a los artesanos haciendo su “agosto” con la venta de las imágenes que recuerdan el nacimiento del niño Jesús.

La tradición de la elaboración de los pesebres se atribuye a San Francisco de Asís, a quien se le ocurrió una novedosa idea para festejar la Navidad. En la Noche Buena de 1223, este santo convocó a varios feligreses para realizar una dramatización del nacimiento de Jesús; el sitio escogido fue una cueva con animales y las personas representaron la escena con mucha emoción. A partir de aquella época, comenzó a propagarse esta costumbre cristiana por todo el mundo.

El libro “Folklore del Paraguay”, del destacado docente Dionisio González Torres, recopila algunas creencias populares sobre los pesebres. “Quien lo instala una vez debe hacerlo siempre o al menos durante siete años, pues en caso contrario no habrá suerte ni abundancia”, menciona el autor. De igual modo, señala que es costumbre que la gente, en la Noche Buena, bese la figura del Niño Jesús.

Además de las piezas de la familia de Nazaret y de los animales, se colocan frutas como piñas, melones, sandías y la infaltable flor de coco, que con su agradable aroma, reaviva el espíritu navideño. En el interior del país, los pesebres son verdaderas obras de arte y, como menciona González Torres, “generalmente, el buen gusto del que lo instala, hace que este no sea muy recargado. Es frecuente que se represente en una casa o rancho campesino con sus muebles, plantas y animales”.

El proceso de elaboración de “los belenes”, como también se los denomina, es una actividad que une a las familias, ya que todos sus integrantes participan en la decoración. Esto despierta en los más pequeños mucha algarabía y felicidad.

“Muy lindo tu pesebre” es la memorable frase que, con el transcurrir del tiempo, evoca una tradición lastimosamente perdida en la que los niños recorrían casa por casa para apreciar los pesebres y degustar del delicioso clericó. Sería bueno que renovemos esta costumbre, ya que la Navidad es un tiempo propicio para compartir con el prójimo y dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas a lo largo del año.

Por Víctor Martínez (18 años)