Nuestro país apenas ha sabido levantarse de dos grandes guerras contra los vecinos, varias confrontaciones civiles entre compatriotas que defendían intereses políticos y una larga dictadura de 35 años de un militar que torturó, exilió, encarceló y mató a miles de paraguayos. Aunque muchas personas consideran que el Paraguay no puede superar del todo el daño causado por la Guerra contra la Triple Alianza, lo que hoy en día más vemos son las prácticas provenientes del régimen stronista.
Una gran herencia del estronismo es la mente cuadrada de muchos compatriotas, en especial de la gente mayor. Esta gente considera que “con cuartel se soluciona todo”; cree que la inseguridad, la pobreza y la corrupción terminarán si los jóvenes pasan primero por el Cimefor, pues allí “los ordenarán y harán de ellos personas”.
Así también, otro legado del tendota es la creencia de que los jóvenes que tienen pelo largo, barbas, aros y tatuajes son unos subversivos y buscan atentar contra el gobierno. Al parecer, muchos compatriotas no saben que nuestra Constitución Nacional defiende la libertad para que cada quien cree su propia personalidad.
Hace unos años, los jóvenes paraguayos han perdido el miedo y vuelven a salir a las calles a reclamar sus derechos y mover la mesa a los de arriba. Esto tampoco es bien visto por muchas personas de “la antigua”, pues vivir 35 años bajo un régimen dictatorial ha influido en el pensamiento de las mismas. Manifestarse, exigir una mejor educación o defender la Constitución Nacional no es hacer vandalismo; al contrario, es buscar un mejor futuro para los de ahora y los que vendrán.
Las autoridades “democráticas” que tenemos hoy en día, tampoco se han despegado de las prácticas del tirano. Basta con escuchar al mismísimo presidente de la República para darse cuenta de que vivimos en una dictadura disfrazada de democracia. Pésima justicia, periodistas amenazados, jóvenes que piden asilo político en otros países y la pobreza que cada vez es mayor nos demuestran que HC y sus aliados están siguiendo los mismos pasos que Stroessner.
Esta nueva generación de jóvenes es la que sale a las calles y tiene la mente un poco más abierta. Tolera más los gustos ajenos, se preocupa por su país y quiere un mejor futuro para el suelo en donde nació. Lastimosamente, solo nos resta esperar que la vieja política que domina al país hace décadas se acabe totalmente y que los que hoy son jóvenes revolucionarios tomen las riendas de la nación y nos conduzcan a una verdadera patria soñada.
Por Brian Cáceres Verón (18 años)
