Viajar en transporte público puede convertirse en un verdadero calvario. Además de tener que soportar la mala onda del chofer, la falta de espacio y un calor insoportable, hay que “colaborar” con aquellas personas que se hacen pasar por necesitadas para aprovecharse de la bondad de los pasajeros.
Casi siempre en los colectivos se suben vendedores ambulantes que ofrecen gaseosas, productos de higiene, chipa y caramelos, entre otros artículos. Pero, a la vez, aparecen ciertos personajes que afirman estar enfermos o tienen un familiar en el hospital que necesita medicamentos de forma urgente y por eso piden tu ayuda.
Seguramente, alguna vez te pasó que estabas volviendo del trabajo y sube al bus un hombre desesperado con una alcancía en las manos, pidiendo ayuda a los pasajeros, al borde de las lágrimas; “veinte mil guaraníes nomás necesito para poder comprar el remedio a mi hermano que acaba de tener un accidente”, explica. Con todas las ganas de ayudar, sacás un dos mil de tu bolsillo esperando que pueda conseguir el monto necesario. Sin embargo, días más tarde, te sorprendés al encontrar al mismo sujeto repitiendo su discurso y pensás que “¿este tipo tiene una pésima suerte o nos está jodiendo a todos?”
Algunos son más ingeniosos y preparan tarjetitas fotocopiadas en las que solicitan tu amable colaboración. Pero, al leer el enunciado, notás que existe una cantidad mínima para realizar tu donación; el monto requerido es de dos mil guaraníes y, sin mediar palabras, pasan por tu asiento para retirar el aporte.
También están aquellos exconvictos o asaltantes “rehabilitados” que suben a los bondis a fin de pedir la colaboración de la ciudadanía para no caer de nuevo en acciones delictivas. “Yo no quiero robar ni matar, solo quiero que me ayuden a salir de esta situación”, declaran. Muchas personas acceden a darles algunas monedas, ya que se sienten amenazadas y prefieren evitar problemas.
Fingir estar durmiendo, para evitar ser incomodado por estas personas, no siempre funciona, ya que muchas de ellas son capaces de interrumpir tu actuación de descanso con golpes o pinchazos para exigir tu aporte. Algunos incluso llegan a insultarte o agredirte si no colaborás o si entregás menos de mil guaraníes.
Es imposible negar que existen muchas personas que sufren de carencias económicas y que varias de ellas piden verdaderamente la ayuda a los pasajeros de los colectivos. El problema es que están aquellas que solo quieren aprovecharse de la solidaridad de la gente y, con la excusa de no querer robar, logran que entregues tu dinero voluntariamente sintiendo lástima por ellos. Es importante ponerse a pensar: ¿Estamos ayudando realmente o nos dejamos estafar?
Por Divina Alarcón (18 años)
