Los abuelos malcrían a sus nietos y, sí, ¿qué hay de malo con eso?

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No existe nada más tierno que llegar a casa y encontrar a tu abuela con una montaña de comida para vos, mientras tu abuelo se alista a fin de contarte sus historias de juventud. Los tatas nunca ponen límites al inmenso amor que sienten por sus nietos.

Los abuelos son el remanso de paz de nuestras vidas. El enorme corazón de los viejitos alberga infinito amor y mucha ternura para sus nietos, quienes no dudan en recurrir a los brazos de los tatas cuando necesitan consuelo.

No hay nada peor para un abuelo que el hecho de escuchar que su hija está sermoneando al nieto. Al instante, el yayo se pone la capa de superhéroe y sale en defensa de su inocente nietecito. De esta manera, la madre siente que pierde autoridad y se pregunta cómo el padre que la educó con tanta disciplina se convirtió en una persona que ahora malcría a los niños.

Cuando llegues a tu casa después de un día agotador en la facu o el cole, es casi seguro que encontrarás a tu abuela esperándote y, al ver tu rostro de cansancio, ella te dirá: “Sentate, che memby, te dejé un poco de caldo, milanesa con puré, chipa guasú y, de postre, arroz con leche”. La tata no se despegará de la mesa hasta que vos tragues el último bocado. “Estudiás mucho, necesitás alimentarte bien”, será la excusa perfecta de esta cariñosa mujer por hacerte engullir tanto.

La mejor manera de hacer felices a tus abuelos es tomándote un tiempo para compartir con ellos un rico tereré y una amena charla. Esta conversación será muy fructífera porque escucharás relatos divertidos de las experiencias de los viejitos y, además, te enterarás de las travesuras que cometían tus padres cuando eran jóvenes.

Los abuelos son una fuente de amor incondicional para nosotros, porque siempre nos aconsejan, nos miman y tratan de ayudarnos a ahorrar con unos cuantos billetitos que nos dan a escondidas de nuestros padres. Los tatas aman a sus hijos y ese cariño inmenso no disminuye con los nietos, sino que se transmite con más ternura.

Si todavía tenés a tus abuelitos a tu lado, no dudes en alegrar su día con besos y abrazos, haciéndoles saber a cada instante cuánto los querés y lo feliz que te pone contar con el amor puro que ellos te brindan a diario.

Por Viviana Cáceres (19 años)