Cuando se planea una farra o un reencuentro de exas en el grupo de WhatsApp, vos automáticamente empezás a portarte bien para que tus papás te den permiso, pero llega el día y no te dejan salir. En todo momento, te tildan como el permiso'i del grupo y es ahí que te enojás bastante por no tener el consentimiento para asistir al evento.
Cumpliste 15 años y lo más común en esa época son las fiestas del cole o los cumples de tus compañeras y tus ganas de asistir a cada una de las actividades son enormes. Tu mamá te dice que solo tenés permiso hasta las 12:00 a más tardar y vos te quedás remolesta con ella por no dejarte disfrutar más de la farra.
Antes de salir sí o sí pasás por la sala de interrogatorio que te hace tu mamá, las típicas preguntas son: cuidate, ¿cómo vas a venir?, ¿quién va a estar?, ¿dónde es?, ¿tenés plata? Hasta llega a repetirlas como siete veces y siempre busca alguna excusa para no darte permiso, pero, al final, te deja ir aunque sea por algunas horas.
Con los varones muchas veces ocurre algo similar. Llega el finde y toca el futbolacho con los perros que tanto se hizo esperar, pero justo a tu novia se le ocurre hacer planes para salir de compras o cenar en algún lugar. Como no le podés decir que no, entonces te toca cancelar con tus amigos e inventás cualquier excusa para que no se den cuenta de que sos un lorito óga.
Cuando tenés muchas responsabilidades con tus estudios y querés salir por algún motivo, ya sea ir a almorzar con tus amigas o ver la final de la Champions League con tus socios, esperás el permiso de tus padres, pero, por miedo a que no te dejen, no les comentás nada. Sin embargo, te hacés el rebelde y vas al lugar en donde quedaste con tus amistades.
No tiene nada de malo que te digan “permiso'i”, si te ponés de acuerdo con tus papás y buscan una solución como que te pasen a buscar a cierta hora o salir con tu hermano mayor, explicándoles que es importante para vos compartir con tus amigos. Buscá la forma de salir a divertirte con tus socios, aunque te llamen “permiso'i”, porque ya nadie te puede quitar lo bailado.
Por Romina Ferreira (18 años)
