Plantar un árbol es cultivar la esperanza de que todo puede ir mejor

En medio de la corrupción que existe en nuestro país, hay personas que, con pequeñas acciones, demuestran que todavía se puede hacer cosas buenas. Este es el caso de los estudiantes de la UNA que plantaron 2.000 arbolitos en el Jardín Botánico.

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Estudiantes de la Facultad de Derecho de la UNA y otros voluntarios plantaron 2.000 arbolitos el sábado pasado en el predio del Jardín Botánico. El proyecto fue impulsado por el concejal municipal José Alvarenga, quien al mismo tiempo es docente auxiliar en dicha casa de estudios.

Anteriormente, ya se habían cultivado 3.500 plantitas en la Costanera y el objetivo es continuar con estas actividades, pues otra de las metas consiste en convertir Asunción en la capital con más árboles, superando a Madrid. ¿Te imaginás lo lindo que sería recuperar el aire puro y la belleza verde que solo las plantas son capaces de ofrecernos?

Este proyecto nos da las esperanzas de creer que todavía existen seres humanos que quieren hacer algo bueno por su país. Podemos decir que no todo está perdido, pues plantar árboles es una forma de evitar quedarse cruzados de brazos, a pesar de que haya buitres que desean cobrar tres o cuatro aguinaldos por año y personas que, con dinero del pueblo, viajan a varios destinos turísticos del mundo con su “niñera de oro” en la maleta.

La importancia del emprendimiento “Adoptá un árbol” radica en el hecho de que incentiva a las nuevas generaciones a preocuparse por la naturaleza. Lo más destacable es que no se trata del primer caso en que los jóvenes se ponen las pilas y deciden hacer algo noble por la sociedad; también podemos mencionar el proyecto de los alumnos de Filosofía UNA que limpian el arroyo Mburicaó, del mismo modo en que unos muchachos y chicas sanlorenzanos hermosean el cauce hídrico de su ciudad.

Muchas personas piensan que el encanto de una ciudad o un país se debe a la estampa de modernismo que ofrece, a través de sus edificios, autopistas, subterráneos y puentes. Sin embargo, vivir en una jungla de cemento no es sinónimo de tranquilidad, pues el calor es más sofocante, el tráfico produce dolor de cabeza y la polución sonora puede ponerte de muy mal humor.

En este sentido, un árbol te ofrece la posibilidad de tomar un respiro bajo su sombra, en tanto que un arroyo limpio puede darte esa sensación inexplicable de paz cuando escuchás que el agua cristalina serpentea entre las piedras. Cuidar la naturaleza nos beneficia de muchas maneras y sería genial que nos diéramos cuenta de ello.

La queja constante es que las autoridades municipales no mueven un dedo para cambiar el rostro de las ciudades del país. Si bien el reclamo es justo, también deberíamos pensar en lo que podemos hacer nosotros, desde nuestros hogares, a fin de vivir en un ambiente más limpio y saludable. Es genial demostrar con hechos desinteresados aquello que los de arriba prometen, pero al final no cumplen.

Vos, yo y todos, ¿cómo vamos a contribuir para tener un ambiente más puro y limpio?

Por Viviana Cáceres (18 años)

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