En algún momento de tu vida, te habrás cruzado con un compañero o amigo que siempre anda mandando a todos, diciéndoles cómo hacer las cosas y corrigiéndolos. También están aquellas personas que se creen dueñas de todo, que no piden sino ordenan porque se deben hacer las cosas como ellas quieren.
Si a vos te gusta ayudar a los demás, sí o sí alguna vez te habrá tocado trabajar con alguien que pone a prueba tu paciencia y solidaridad porque anda a los gritos pelados, exigiendo de mala manera que se cumplan las órdenes dictadas.
Cuando te toca trabajar con un compañero que solo quiere hacer las cosas a su manera, pone a todos de mal humor, ya que el ambiente se vuelve tenso y todo se hace de mala gana. Estas personas no solo son de esta forma en el ámbito laboral sino también en su vida diaria; a la hora de dar una opinión, solo la suya es la correcta y la más importante.
Si te encontrás con un mini dictador, lo más probable es que vivan en un ambiente de discusiones y peleas constantes; la falta de armonía, diálogo y comunicación correcta llega a provocar que se tomen decisiones precipitadas y conducentes a desenlaces desagradables.
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Las personas que son autoritarias tienden a creer que tienen la razón “porque sí”, imponen su voluntad y se ofenden cuando alguien cuestiona su actitud, menosprecian el esfuerzo ajeno y señalan los errores de los demás “para que no vuelvan a ocurrir”.
Lo más recomendable al tener una discusión con este tipo de personas es que tengas mucha paciencia, no pierdas los estribos y sepas entender que, aunque la otra persona grite más fuerte, no significa que tenga razón. La arrogancia de estos dictadores los lleva a cometer muchos errores y, aunque no los quieran aceptar, deben cargar con las consecuencias.
Si, por casualidad, sos uno de estos aprendices de dictadores, por favor, estás a tiempo, da vuelta a esta página de tu vida.
Por Divina Alarcón (18 años)
