Primer día en la universidad: temor, nerviosismo e indecisión

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¿Qué ropa voy a usar?, ¿cómo voy a llegar?, ¿con quién voy a hablar?, son algunas de las dudas que te atacan en el primer día de facu. No pierdas la calma, pues, con el tiempo, te vas a acostumbrar a tu nuevo rol de estudiante universitario.

Terminás el colegio, te ponés algo triste porque ya no verás a tus amigos todas las mañanas, pero a la vez sentís felicidad pues entrarás por fin a la facu. Sin embargo, no todo es lo que parece, pues la etapa universitaria demanda más esfuerzo que la secundaria y prepararte para el primer día de clases puede llegar a ser muy estresante.

Por estar pensando en la universidad y en cómo serían tus nuevos compañeros durante toda la noche, dormís a las 2 de la mañana, siendo que tenías que despertarte a las 5; al final, te levantaste media hora más tarde y con mucho sueño. Después de lograr despegarte de la cama, perdés tiempo escogiendo un atuendo perfecto para dar una buena impresión.

Cuando ya estás listo, es hora de esperar el bus, pero este viene repleto de gente. Por no querer llegar tarde, te subís y buscás algún lugar donde meterte y sujetarte entre la multitud. Para tu desgracia y por culpa del tráfico, el ómnibus se mueve a paso de tortuga y el miedo a entrar minutos tarde a la clase se apodera de vos.

Sin embargo, al bajarte del micro, te das cuenta de que lograste llegar a tiempo a la universidad; de esta forma, la tranquilidad vuelve a tu cuerpo por algunos minutos. Luego, comienza la búsqueda de tu aula, mirás todas las puertas intentando encontrar alguna señal que te indique el lugar correcto. Después de recorrer mucho, finalmente localizás tu nueva clase.

Al ingresar, observás que tenés muchos compañeros; por eso, buscás algún conocido. Al dejar de lado la tarea de encontrar a un amigo del pasado, te proponés la misión de conseguir asiento. ¿Cuál será la mejor opción: atrás para hablar y socializar, adelante para prestar más atención o al lado de la ventana?

Al final, solo queda acomodarte en cualquier asiento y esperar que llegue el profesor para comenzar con su clase, hasta que alguien viene a sentarse a tu lado y comienza a hablarte. Los nervios te impiden seguir la conversación, pero después perdés la vergüenza y te dejás llevar por la charla.

El miedo y la timidez se empiezan a ir con el transcurso de las horas, ya conocés a uno o dos compañeros y las asignaturas no son tan aburridas; hasta pueden llegar a ser entretenidas. Poco a poco te vas adaptando a este nuevo lugar estresante y divertido a la vez llamado universidad.

Por Jorge Ferreira (16 años)