Una vieja costumbre de los estudiantes en el colegio o la facu es aprenderse palabra por palabra las respuestas del libro antes de un examen o una exposición. Esta práctica es bastante riesgosa para vos y tu libreta de calificaciones, ya que un simple olvido de un término puede dejarte la mente blanca como un papel.
En plena exposición, más de un alumno se olvidó de su parte cuando estaba exponiendo con su grupo de trabajo. Muchos pasan al frente del curso y repiten como un lorito todo lo que estudiaron, pero al olvidarse de una sola palabra todos se dan cuenta de que la información fue memorizada y ocurre la gran pelada del año.
Sin dudas, todos tenemos miedo a los exámenes y más cuando al profesor se le ocurre dar un test en el momento menos esperado. Sin embargo, un repaso escrito no debería por qué darnos terror, ya que, supuestamente, estamos preparados para demostrar a través de las pruebitas nuestros conocimientos logrados en el trascurso de la primera y segunda etapa del colegio.
El miedo que provocan las exposiciones y los exámenes se debe a que la costumbre de memorizar los ítems unos días antes evita que aprendamos realmente, ya que cuando te “tragás” un texto tal y como está, en un tiempo prolongado te olvidás de todo. Imaginate prestar atención en clases y en el día del desafío escrito solamente tengas que repasar las lecciones, sin la necesidad de memorizar páginas completas.
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Existen muchas maneras que pueden ayudarte a dejar de lado el hábito de aprender de forma exacta. Las famosas síntesis resaltadas, leer e interpretar las lecciones o hacer fichas en hojas de colores y pegar por la pared son algunas técnicas para aprender mejor. Según el teórico y filósofo Robert Swartz, promotor del método del aprendizaje basado en el pensamiento de los Estados Unidos, la costumbre de repetir como un lorito, lo que se enseña en las escuelas, reprime a los niños en el momento aprender de verdad. La solución sencilla a esto es enseñar a razonar, a fin de que los chicos sean diestros en el pensamiento.
A excepción de las fórmulas de matemática, física y química, que debés memorizarte sí o sí, no existe otra materia que exija comerte un libro a la fuerza. Entonces, hacé un pequeño esfuerzo de sentarte algunos minutos para leer y comprender de manera propia tus resúmenes antes del repaso que dará el profe. Al fin y al cabo, la mayor satisfacción de razonar es que alimentás a tu cerebro con informaciones que no son pasajeras.
Por Ezequiel Alegre (17 años)
