Hace unos días, la noticia de que los perros callejeros fueron sacrificados en Rusia, por motivos relacionados al Mundial, movilizó a numerosas organizaciones de protección animal y entristeció a muchos amantes de los cachorros. Según las autoridades rusas, la cruel y drástica medida fue tomada debido a la escasez de refugios para canes sin dueños en dicho país.
Los sacrificios de animales están disfrazados con el pretexto de que las calles deben ofrecer una buena imagen para los turistas que llegan a disfrutar de los partidos. Sin embargo, la visión de personas insensibles matando al “mejor amigo del hombre” es digna de una pesadilla que, de todos modos, sorprende a los extranjeros.
Cuatro años atrás, durante los Juegos Olímpicos de Invierno, realizados también en Rusia, grupos de protección animal ya habían denunciado la matanza de animales callejeros que fueron eliminados de distintas maneras, unas más crueles que otras: veneno, disparos y torturas eran parte del fin que esperaba a los canes indefensos.
Los protectores de animales de ese país opinan que matar a perros callejeros no hará que estos desaparezcan, ya que todos los días nacen nuevos cachorros y otros tantos son abandonados a su suerte. Además, Rusia no da mucha importancia a la protección de los animales, pues solo existen refugios oficiales en tres ciudades.
Como si fuera una tradición “sana y divertida”, la matanza de perros se realiza una vez al año; incluso, el Gobierno paga a los ciudadanos para que sacrifiquen a los animales de la calle. Otra costumbre que generó polémica fue el caso que ocurrió en el Mundial Corea-Japón 2002, cuando la FIFA solicitó a los puestos de comida que eliminaran del menú cualquier alimento hecho con carne de perros.
Esta cruel “solución”, para mejorar el aspecto de las ciudades, definitivamente, escandaliza a muchos internautas y activistas de Rusia y otros países, quienes no pueden comprender el porqué del insensible trato hacia los animales. Por otra parte, en la capital de nuestro país, es muy común ver a los perros abrigados con remeras en los días fríos; a nadie se le ocurriría acabar con la vida de esos amiguitos peludos, aunque sea para embellecer la imagen de calles y plazas.
Aunque los perros que están muriendo, en la sede del Mundial, no tengan dueño, no merecen un final tan cruel. Rusia, así como otros países, necesita más refugios para animales, pues matarlos nunca es la solución correcta.
Por Belén Cuevas (16 años)
