Vendedor ambulante: entre la crítica de la gente y la necesidad de subsistir

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“Chicle, caramelo, alfajor” son las palabras que escuchás cotidianamente cuando te subís a un bondi y ves a una persona con canasto ofreciéndote dulces. Se trata de un vendedor ambulante que todos los días cumple el mismo ritual para ganarse el pan.

Los vendedores ambulantes ofrecen todo tipo de productos en las calles o en algún espacio público y, de esa manera, generan empleos para sí mismos que constituyen en muchos casos la principal fuente de ingresos de sus hogares.

Sin embargo, los vendedores ambulantes a menudo son víctimas de la represión municipal, con los desalojos y confiscación de sus mercancías. Trabajan en malas condiciones, pues están expuestos al riesgo de incendios, a accidentes de tránsito, la falta de acceso al agua y el manejo inadecuado de los residuos.

Los productos que exponen para la venta varían desde frutas y vegetales frescos hasta dulces, libros, CD, películas, etc. Algunos de estos comerciantes trabajan en la comodidad de puestos techados, otros lo hacen simplemente al aire libre sentados al lado de una canasta o una manta que muestre sus mercancías.

El contexto laboral para los vendedores informales es muy variado. Muchos trabajan durante largas horas en el mismo lugar. Otros suelen rotar entre dos o más sitios, tomando ventaja de los distintos tipos de clientela y de los patrones de movimiento urbano a lo largo del día. Algunos laburan a tiempo parcial, en mercados rotativos o como feriantes de artículos especiales.

Típicamente, estos vendedores y sus familias dependen de las ganancias provenientes de este tipo de trabajo. Madrugan a diario para conseguir los productos que más tarde expondrán en una improvisada casilla y permanecen en las calles o en sus pequeños puestos hasta terminar la jornada laboral.

Si bien para muchos los vendedores ambulantes son un problema, la solución no es privarlos de su única forma de subsistencia. Expulsarlos no es un arreglo razonable, ya que el problema de fondo no es la persona que trabaja en la calle, sino la imposibilidad de ganarse la vida con un empleo legal estable.

Todos queremos una oportunidad para trabajar dignamente sin molestar a nadie, pero mientras no pase eso, buscamos una forma de subsistir, aunque eso signifique estar horas y horas en la calle tratando de vender algún producto.

Por Romina Ferreira (18 años)