Laura García (19), Alma Ocampos (18) y Matías Fernández (19) cada martes, jueves y viernes se acercan voluntariamente hasta el colegio nacional María Auxiliadora de Capiatá para ofrecer clases divertidas y dinámicas de matemática e inglés a niños y adolescentes de dicha institución educativa.
Los tres jóvenes mencionan que eligieron la disciplina de matemática porque es una ciencia muy esencial y no “un akãrasy más” como muchos creen. Asimismo, escogieron desarrollar clubes de inglés debido a que dicho idioma abre las puertas a múltiples oportunidades, pero que no se encuentra en la malla curricular del MEC en la Educación Escolar Básica.
"La enseñanza es lúdica porque buscamos una manera de reemplazar el método tradicional. Nosotros no hacemos que los chicos lean y copien, sino que les mostramos las diferentes maneras de aprender mediante juegos y dinámicas”, comenta Alma.
Los jóvenes manifiestan que la mayoría de las personas considera que las matemáticas son aburridas, pero ellos buscan la forma de que sean divertidas. Por ejemplo, hacen juegos con números pares e impares y así sus alumnos van aprendiendo de a poco.
“Normalmente, empleamos los mixers para que puedan mezclarse e integrarse entre ellos. También hacemos dinámicas de grupo para que compitan y así, a medida que suman puntos, se diviertan y vayan aprendiendo”, expresa la joven.
Matías cuenta que los niños, al principio, no querían prestar atención a las clases de matemática, pero que, actualmente, con todos los juegos se van integrando cada vez más. Tanto es así que, constantemente, preguntan por ellos e, incluso, los reciben con gritos de alegría y abrazos cuando van a la comunidad educativa.
Los jóvenes trabajan en conjunto bajo el nombre de "Katupyry" desde marzo del año pasado. La denominación la eligieron, justamente, por su significado en guaraní. “Cualquiera puede ser inteligente y genial; Katupyry somos todos”, aseguran los jóvenes.
El objetivo a largo plazo es cambiar el método de enseñanza. A Laura, Alma y Matías les gustaría que el aprendizaje sea lo más productivo posible y que los chicos no se olviden de lo que van desarrollando. “Más adelante, queremos llevar a cabo un taller que esté dirigido a jóvenes para que ellos mismos identifiquen lugares carenciados a los que puedan ir y enseñar en esas comunidades”.
Los chicos encontraron la motivación para enseñar porque anhelan ser partícipes del cambio, buscan despertar el talento oculto que pueden tener los niños, jóvenes y adultos y, de la misma manera, quieren retribuir a la sociedad, en forma de agradecimiento, todas las oportunidades a las que ellos accedieron. “Vengan y sumen, en las matemáticas y en inglés, para ser parte del cambio”, concluyen.
Por Fiona Aquino (18 años)
