No existen alimentos milagrosos, pero sí nutrientes que ayudan a mantener el músculo fuerte, a reducir la inflamación y a mejorar el tránsito intestinal, algo muy importante para evitar el esfuerzo excesivo al ir al baño. ¿Qué deberías consumir para fortalecer tu zona íntima?
Proteína: ladrillo básico del músculo
El suelo pélvico es músculo. Para repararlo y mantenerlo, el cuerpo necesita proteína de calidad. Incluir en el día:

- Pescado, huevos, pollo o pavo
- Legumbres como lentejas, garbanzos y soja
- Lácteos como yogur o queso fresco
Comer algo de proteína en cada comida ayuda a que los músculos respondan mejor al ejercicio de fortalecimiento.
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Vitamina C y colágeno: aliados del tejido de sostén
Los ligamentos y tejidos que sujetan los órganos dependen en gran parte del colágeno. Para que el cuerpo lo produzca bien, necesita vitamina C.
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Se encuentra en:
- Cítricos (naranja, mandarina, pomelo, limón)
- Kiwi, frutillas, papaya
- Pimiento rojo, brócoli
Tomar frutas y verduras frescas a diario ayuda a mantener estos tejidos más elásticos y resistentes.
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Vitamina D y calcio: soporte profundo
La postura y la salud ósea influyen en cómo trabaja el suelo pélvico. Unos huesos fuertes y una buena alineación de la pelvis facilitan que el músculo haga bien su función.

La vitamina D se obtiene sobre todo del sol, pero también de:
- Pescados grasos (salmón, sardina)
- Huevos
- Lácteos o bebidas vegetales enriquecidas
El calcio está en los lácteos, las bebidas vegetales enriquecidas, las almendras y algunas verduras de hoja verde. Juntos contribuyen a un “marco” óseo estable para la musculatura pélvica.
Magnesio y potasio: para un músculo que se contrae y se relaja
El suelo pélvico no solo debe estar fuerte; también tiene que saber relajarse. El magnesio y el potasio participan en la contracción y la relajación muscular.

Buenas fuentes de magnesio:
- Frutos secos, sobre todo almendras
- Semillas (calabaza, girasol, sésamo)
- Legumbres y cacao puro
Fuentes de potasio:
- Banana, aguacate
- Papa, batata
- Tomate y verduras de hoja verde
Un déficit de estos minerales puede favorecer calambres y tensión excesiva en la musculatura.
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Fibra y agua: clave para evitar el estreñimiento
Hacer fuerza repetida al ir al baño es uno de los grandes enemigos del suelo pélvico. La fibra y una buena hidratación ayudan a que las heces sean más blandas y fáciles de expulsar.

Aporta fibra con:
- Fruta entera (mejor que en zumo)
- Verduras y hortalizas a diario
- Cereales integrales (avena, pan integral, arroz integral)
- Legumbres varias veces por semana
Y no olvides beber agua a lo largo del día. Sin líquido suficiente, la fibra no puede actuar correctamente.
Grasas saludables y probióticos: menos inflamación, mejor microbiota
Las grasas saludables tienen efecto antiinflamatorio y cuidan la circulación de la zona pélvica. Los probióticos favorecen una microbiota intestinal y vaginal equilibrada.

Incluí con frecuencia:
- Pescado azul, nueces y semillas de chía o lino (omega‑3)
- Aceite de oliva virgen extra como grasa principal
- Yogur natural, kéfir o alimentos fermentados (como el chucrut)
Un cuerpo menos inflamado y un intestino que funciona bien descargan tensión sobre el suelo pélvico.
Alimentación, ejercicio y consulta médica
La dieta adecuada no sustituye al ejercicio específico del suelo pélvico ni a la valoración profesional. Pero puede ser una gran aliada para que la musculatura responda mejor y se mantenga sana a largo plazo.
Si ya tenés síntomas como escapes de orina, dolor o sensación de bulto en la zona vaginal o rectal, lo más recomendable es consultar con tu médico o con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.
Una alimentación cuidada será entonces un pilar más dentro de tu plan de tratamiento.
