1 de junio de 2026
Las autoridades gubernamentales en general –incluidas las regionales y locales– tienen que ser siempre las mejores personas en cuanto a conocimiento, honestidad, laboriosidad y sensibilidad hacia los conciudadanos a los cuales se deben como funcionarios públicos. Sin embargo, aquello casi no existe cuando nos referimos a los altos cargos de la administración pública –hay solo contadísimas excepciones–, sino que ella está minada de gente que llega a esos puestos por el solo hecho de mostrarse serviles, llenar de elogios mentirosos y lisonjeros a sus jefes y “autoridades” de sus partidos para lograr que sean colocados inmerecidamente en esos sitios, en perjuicio de los que realmente merecen y de la ciudadanía.