29 de abril de 2026

En los encuentros caninos, el límite entre una sesión de juego intenso y una agresión real puede ser estrecho. La diferencia suele estar menos en el ruido —gruñidos y ladridos pueden aparecer en ambos contextos— y más en el lenguaje corporal y en si los perros conservan la capacidad de “negociar” la interacción. Identificar esas señales a tiempo puede evitar mordidas, traumas y conflictos entre tutores.