25 de febrero de 2026

MADRID. Las tecnologías que permiten perfeccionar el cuerpo (como los exoesqueletos o los microchips bajo la piel) y aumentar las capacidades humanas se abren camino con fuerza, pero los temores a que puedan aumentar las desigualdades o generar conflictos sociales hacen que sus límites estén más en el campo de la ética que en el de la ciencia.