15 de enero de 2026


El primer lunes laborable de enero, las redes se llenan de fotos de escritorios, tazas de café y agendas recién estrenadas. Nadie lo reconoce abiertamente, pero entre el cansancio y la nostalgia navideña se cuela una sensación inesperada: alivio.

La noche de Reyes no es solo una espera de regalos. Para los niños, es un ritual íntimo en el que creer —incluso cuando surgen dudas— fortalece la imaginación, el pensamiento simbólico y una forma profunda de seguridad emocional que deja huella.

Viajar en pareja puede parecer un sueño hecho realidad, pero detrás de unas vistas gloriosas se esconden más realidades que conflictos en la cartera; la logística, las expectativas y la saturación pueden ser el verdadero termómetro de la relación.

Al final de cada año se repite el ritual: balances rápidos, listas de propósitos y una sensación de prisa por “empezar mejor” el próximo ciclo. Sin embargo, cada vez más personas están cambiando el cierre automático por algo distinto: una revisión lenta, casi quirúrgica, de lo vivido. No tanto para hacer más el año siguiente, sino para cargar menos.