26 de julio de 2026

Pedir un café en pleno vuelo y notar que “no sabe igual” no es una manía sino una combinación de física de la cabina, fisiología humana y decisiones culinarias forzadas por la logística aérea. En tierra, el café se apoya tanto en el gusto como —sobre todo— en el olfato. En el aire, esa ecuación cambia.

Un equipo de científicos ha descubierto por qué el chocolate es tan irresistible, y que no se debe solo al sabor, sino que tiene que ver con el proceso en el que cambia en la boca de sólido a una suave emulsión debido a sus propios ingredientes y a la combinación con la saliva.

