WhatsApp, entre la confidencialidad y el beneficio

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CEO de Facebook,  Mark Zuckerberg.   WhatsApp oscila entre la confidencialidad de los datos y la búsqueda de  beneficio.
CEO de Facebook, Mark Zuckerberg. WhatsApp oscila entre la confidencialidad de los datos y la búsqueda de beneficio.Josh Edelson

Las turbulencias provocadas por los cambios anunciados en la política de confidencialidad de WhatsApp amenazan con erosionar la confianza en esta filial de Facebook, crucial para el futuro del gigante de las redes sociales.

Cuando los usuarios de WhatsApp comenzaron a alarmarse sobre las nuevas reglas de protección de datos en la plataforma, los miembros de un grupo de fútbol de aficionados de Washington decidieron cambiar la aplicación de mensajería de Facebook, que usaban para comunicarse, por su competidor Signal.

Con esta decisión buscaban “hacer que un máximo de clientes abandone el imperio de Facebook, convertido en demasiado grande y poderoso”, explica Bernhard Fleck, uno de los jugadores.

Ante la polémica, la empresa californiana anunció en enero que aplazaría tres meses la entrada en vigor de las nuevas condiciones de uso de WhatsApp, descritas por sus detractores como un intento de ampliar su recogida de datos personales.

La aplicación de mensajería, que afirma tener 2.000 millones de usuarios, asegura por su parte que se trata de un malentendido y que la actualización tiene como objetivo ayudar a los comerciantes a comunicarse mejor con sus clientes a través de WhatsApp.

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Pese a las explicaciones y el aplazamiento de la implementación del nuevo reglamento, ahora previsto para el 15 de mayo, numerosos particulares dejaron el servicio para sumarse a plataformas como Signal o Telegram.

Para Ryan Calo, investigador en el Tech Policy Lab de la Universidad de Washington, las reacciones negativas a los anuncios de WhatsApp son comprensibles.

“El pecado original fue comprar WhatsApp e integrarlo al modelo empresarial de Facebook, que monetiza todos los datos recopilados”, explica este especialista de la protección de la vida privada.

“Los cambios no son tan distópicos como mucha gente imagina. Pero constituyen un paso hacia un modelo del que muchos desconfían”, continúa.