En un mensaje emitido con motivo de su asamblea plenaria 157, celebrada el pasado domingo, los obispos ecuatorianos instaron a no ser indiferentes frente a la mayor crisis de seguridad de la historia de Ecuador.
"La violencia en las calles de Ecuador no hiere y mata a simples desconocidos; los heridos o asesinados al borde del camino son nuestros hermanos. No podemos acostumbrarnos a las cifras y estadísticas. ¡Es necesario conmovernos y movilizarnos!", señaló el episcopado ecuatoriano.
En su mensaje, los obispos señalaron que la situación del país requiere una respuesta desde la fe y la acción solidaria para "hacer nuestros sus valores y actitudes" y presentaron a la Iglesia católica como la "madre que acoge, consuela y sostiene" ante la soledad, la polarización y el abandono.
El episcopado también cuestionó que las soluciones a la violencia se limiten al endurecimiento de las leyes, como las recientemente promovidas por el Gobierno, que elevan las penas para menores por delitos graves ligados al crimen organizado, con hasta quince años de penas de privación de libertad.
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"Las leyes actuales pueden endurecer en sus penas y castigos; pero, no sanan el corazón del hombre", sostuvo la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.
El mensaje subrayó tres ejes de acción basados en la coherencia, la paz y la esperanza, desde los cuales destacaron que la "credibilidad como cristianos" depende de la coherencia entre lo que decimos y vivimos.
Finalmente, recordaron que la esperanza cristiana "no es pasiva", sino una "fuerza transformadora que abre la posibilidad de una nueva historia", al citar palabras del papa Francisco, fallecido el pasado mes de abril.
