Policía encuentra marcas de arrastre de ancla en el caso de la rotura de cable finlandés

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Berlín, 4 ene (EFE).- El Fitburg, buque de bandera de San Vicente y Granadinas sospechoso de dañar un cable de telecomunicaciones submarino entre Finlandia y Estonia, podría haber arrastrado su ancla por el fondo marino decenas de kilómetros, según los avances de la investigación presentados este domingo por la Policía de Finlandia.

"Las investigaciones marítimas descubrieron una marca de arrastre de decenas de kilómetros de largo", indicó la Policía al informar de los últimos avances de la investigación, desarrolladas en el Golfo de Finlandia con el apoyo de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Fronteriza y de las autoridades estonias.

"Las investigaciones bajo agua examinaron, entre otras cosas, marcas de arrastre en el lecho marino que parecen coincidir con la ruta del barco", precisó el comunicado policial, que señaló que "hay motivo para sospechar que el ancla y la cadena del ancla del Fitburg fueron arrastradas antes de llegar al punto de daños al cable de Elisa".

El pasado miércoles trascendió la rotura del cable de la empresa operadora de telefonía finlandesa Elisa y la Policía de Finlandia confirmó que se incautó del Fitburg por ser sospechoso de causar los daños en la infraestructura de telecomunicaciones.

Hay oficialmente un miembro de la tripulación, un ciudadano azerí, detenido, en un arresto que se produjo por orden de la Corte del Distrito de Helsinki.

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El resto de la tripulación del buque la componen trece marinos del barco, que representan nacionalidades de Rusia, Georgia, Azerbaiyán y Kazajistán.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, el país nórdico ha sufrido varios incidentes en los que resultaron dañadas infraestructuras submarinas críticas en extrañas circunstancias y que Helsinki atribuye a ataques híbridos orquestados por Moscú.

El más reciente tuvo lugar hace ahora un año, cuando el petrolero Eagle S seccionó con su ancla el cable submarino de alta tensión Estlink 2 entre Finlandia y Estonia y cuatro cables de telecomunicaciones.

En ese caso, las autoridades finlandesas confiscaron el petrolero para poder inspeccionarlo y retuvieron a la tripulación, pero un tribunal de Helsinki ordenó su puesta en libertad en octubre pasado al no considerar probado que se tratase de un caso de sabotaje.