Google contrata para su división de IA a un filósofo especializado en ética

Fotografía de archivo del 10 de septiembre de 2025 que muestra el logo de Google afuera de sus oficinas en San Francisco, California (EE.UU.).
Fotografía de archivo del 10 de septiembre de 2025 que muestra el logo de Google afuera de sus oficinas en San Francisco, California (EE.UU.).JOHN G. MABANGLO

LONDRES. Google ha incorporado hoy al filósofo Henry Shevlin para profundizar en la ética de la inteligencia artificial en DeepMind. Shevlin, de la Universidad de Cambridge, comenzará en mayo, abordando la conciencia y la relación humanos-IA en un contexto de creciente interés tecnológico.

La tecnológica Google ‘fichó’ hoy al filósofo inglés Henry Shevlin, profesor en la Universidad de Cambridge, para su división de inteligencia artificial (IA) DeepMind, según anunció el propio Shevlin en su cuenta de X.

En realidad, Google ha creado para Shevlin un puesto ‘ad hoc’ de Filósofo especializado en IA, con el encargo de profundizar en “conciencia en las máquinas, relación humanos-IA y preparación de la IA generativa”, explicó.

DeepMind es el ‘paraguas’ donde se alojan todos los proyectos de Google relacionados con la IA, desde el más popular Gemini hasta Gemma, Lyria, Veo o Nano Banana, cada uno especializado en distintos desarrollos (textos, audio, imágenes, etcétera).

Shevlin comenzará en mayo su nueva función sin desvincularse de Cambridge, una de las universidades más prestigiosas del Reino Unido y Europa y donde es director asociado del Centro Leverhulme para el futuro de la inteligencia.

Filósofo de la ciencia cognitiva

El inglés se presenta como un filósofo de la ciencia cognitiva especializado en ética y desde siempre interesado en la inteligencia no humana, sea artificial o animal. Señala que sus temas “recurrentes” son “la consciencia, la creatividad, la inteligencia, la percepción, la memoria de corto alcanza y la medición psicológica del dolor y el sufrimiento”.

El ‘fichaje’ de Shevlin se produce en medio de una carrera por captar talento entre las empresas tecnológicas y cuando no están todavía muy claros los límites éticos de la inteligencia artificial, a falta de una regulación nacional o internacional que estipule las fronteras de la IA y sus aplicaciones en la vida diaria.