Dónde queda Ouro Preto y cómo imaginarla en el mapa
Ouro Preto se encuentra en el Estado de Minas Gerais, a unos 100 kilómetros al sur de Belo Horizonte, la capital estadual, y a unas seis horas por ruta de Río de Janeiro.
Su casco histórico se extiende sobre un relieve ondulado, rodeado de sierras, valles y vegetación atlántica, a unos 1.100 metros sobre el nivel del mar.

Esta ubicación en la llamada “Región de las Minas”, en el interior de Brasil, explica gran parte de su fisonomía: casas coloniales escalonadas en fuertes pendientes, miradores naturales a cada subida y una sucesión de iglesias que dominan el paisaje desde lo alto de los morros.
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Para quien se pregunte dónde está exactamente Ouro Preto, basta con situarla como una escapada serrana desde Belo Horizonte, en el corazón del sudeste brasileño.
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Una ciudad barroca a cielo abierto
Caminar por Ouro Preto es entrar en un conjunto urbano que parece pensado para ser recorrido a pie.
Las calles de piedra irregular, los balcones de hierro trabajado, las fachadas blancas con marcos de colores y las plazas empedradas dibujan una ciudad que invita al paseo lento y a la observación.

Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, Ouro Preto reúne uno de los conjuntos barrocos más singulares de América Latina.
Al avanzar por sus cuestas, la vista se cruza una y otra vez con iglesias que se recortan contra el cielo, pequeñas capillas escondidas, fuentes de piedra y casonas que hoy funcionan como museos, posadas, cafés, talleres de artesanía y centros culturales.

La Praça Tiradentes, con su amplio espacio abierto y edificios coloniales alrededor, funciona como punto de partida natural para orientarse: desde allí se despliegan las principales pendientes que conducen a las diferentes parroquias y barrios históricos.
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El genio de Aleijadinho en la piedra y el oro
Si hay un nombre inseparable de Ouro Preto es el de Antônio Francisco Lisboa, conocido como Aleijadinho, el gran maestro del barroco y rococó brasileño. Escultor, tallista y arquitecto, dejó en la ciudad un legado que se reconoce en portadas, altares, púlpitos, ángeles, columnas y ornamentos que parecen cobrar movimiento.

La obra más emblemática de Aleijadinho en Ouro Preto es la Igreja de São Francisco de Assis, una joya del barroco tardío. Su fachada curva y delicada, las esculturas en piedra jabonosa (esteatita) y la composición del interior componen un conjunto que muchos viajeros eligen como primera visita.
En el interior, las tallas doradas parecen vibrar con la luz que entra tamizada por los ventanales, mientras el techo pintado por Mestre Ataíde completa una de las experiencias más impactantes de la ciudad para los amantes del arte y la arquitectura.
Más allá de São Francisco, el rastro de Aleijadinho aparece en retablos, portales y detalles esparcidos por otras iglesias y capillas, lo que convierte a Ouro Preto en un verdadero atlas tridimensional de su obra.
Las iglesias bañadas en oro: un recorrido inevitable
Entre las muchas iglesias que pueblan Ouro Preto, algunas se han convertido en hitos casi obligados para quien quiera entender por qué esta ciudad es sinónimo de barroco tropical.
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La Igreja de Nossa Senhora do Pilar es, quizá, la más sorprendente. Su exterior sobrio contrasta con un interior recubierto de pan de oro en retablos, columnas y altares laterales, que se combinan con imágenes policromadas y tallas minuciosas. La sensación de abundancia decorativa, sumada al silencio espeso del templo, deja una impresión difícil de olvidar.

La Igreja de Nossa Senhora do Carmo, con su elegante fachada y su escalinata, complementa el circuito barroco con una atmósfera más recogida, mientras que la Igreja de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos llama la atención por su planta elíptica y su ubicación en una de las laderas más pintorescas de la ciudad. Cada templo ofrece una perspectiva diferente del arte sacro y de la forma en que el oro se integró a la vida religiosa y urbana.
Explorar estas iglesias implica subir y bajar cuestas, detenerse a observar portales de piedra, escalinatas y pequeñas plazas que se abren de improviso entre las casas coloniales. El recorrido es, en sí mismo, una de las experiencias más atractivas que ofrece Ouro Preto.
Qué hacer en Ouro Preto: entre museos, miradores y minas
Además de visitar iglesias, la ciudad propone un abanico de actividades que permiten acercarse a su historia, sus paisajes y sus tradiciones.
El Museu da Inconfidência, instalado en el antiguo edificio de la Casa de la Cámara y la Cárcel, reúne objetos, documentos y muebles del período colonial. Más allá de los detalles históricos, ofrece una buena introducción al contexto en el que la ciudad prosperó, y su ubicación en plena Praça Tiradentes lo convierte en un punto estratégico para estructurar el recorrido.

La Casa dos Contos, otra construcción histórica notable, invita a recorrer salones, patios y espacios subterráneos, con vistas privilegiadas hacia los tejados de la ciudad y las iglesias que salpican las colinas.
Fuera del núcleo más compacto, algunas minas de oro abiertas a la visita permiten descender unos metros bajo tierra y conocer los antiguos túneles excavados en la roca.
Los guías suelen explicar técnicas de extracción, curiosidades del período colonial y anécdotas de los siglos XVIII y XIX, en un paseo que combina historia y aventura moderada.
Para quienes prefieren disfrutar del entorno natural, los alrededores ofrecen senderos hacia miradores y áreas de paisaje serrano, donde la ciudad se ve a lo lejos, sumergida entre montañas.
Cuándo viajar a Ouro Preto: clima, estaciones y fiestas
Ouro Preto tiene un clima de montaña, con temperaturas moderadas durante todo el año y una marcada diferencia entre la estación seca y la lluviosa.
Entre mayo y agosto, los días suelen ser más secos y frescos, con cielos claros que realzan los colores de las fachadas y las cúpulas. Las noches pueden ser frías, lo que suma un encanto particular a las caminatas nocturnas entre faroles y adoquines.
Entre octubre y marzo, las temperaturas suben y las lluvias son más frecuentes, especialmente por las tardes. La vegetación luce especialmente verde y densa en las laderas que rodean la ciudad, y la atmósfera se vuelve más húmeda y envolvente.
A lo largo del año, Ouro Preto celebra eventos que atraen a visitantes de todo Brasil. La Semana Santa se vive con procesiones, tapetes confeccionados en las calles y ceremonias que aprovechan la escenografía natural de la ciudad.
El Festival de Inverno de Ouro Preto e Mariana, generalmente en julio, propone una agenda de música, teatro, cine y artes visuales que anima las plazas y espacios culturales.
En otras fechas, encuentros de cine, literatura y música completan el calendario y ofrecen excusas adicionales para planear una escapada.
Sabores de Minas Gerais: qué comer en Ouro Preto
La gastronomía de Minas Gerais es uno de los grandes atractivos para cualquier viajero, y Ouro Preto no es la excepción. En el centro histórico abundan los restaurantes y comedores que sirven platos típicos de la cocina mineira, reconocida por sus preparaciones abundantes y sabrosas.

El feijão tropeiro, con porotos, harina de mandioca, huevo y embutidos; el frango com quiabo; la costela con tutu de feijão y el arroz con pequi son algunos de los clásicos que suelen aparecer en las cartas. El omnipresente pão de queijo acompaña cafés y meriendas a cualquier hora del día.
En las vitrinas de dulces caseros se exhiben postres a base de leche, coco, guayaba y otros frutos, con destaque para la goiabada cascão, los dulces de leche y las compotas que se sirven con queso de la región.
Por las noches, la condición de ciudad universitaria, sede de la Universidad Federal de Ouro Preto, aporta un ambiente joven a bares y pequeños escenarios donde suenan música brasileña, chorinho, samba y rock, en un marco de arquitectura colonial iluminada.
Cómo llegar y moverse por Ouro Preto
Para visitar Ouro Preto, la puerta de entrada más habitual es Belo Horizonte. La ciudad cuenta con el Aeropuerto Internacional de Confins, que recibe vuelos desde varias capitales brasileñas y algunos destinos internacionales.
Desde Belo Horizonte, la conexión hacia Ouro Preto se realiza principalmente por ruta, en vehículo propio, transfers privados o autobuses que tardan alrededor de dos horas, dependiendo del tráfico y las condiciones del camino.
Una vez en Ouro Preto, el casco histórico se recorre mejor a pie. Las distancias no son grandes, pero las pendientes son pronunciadas, por lo que conviene calzado cómodo y disposición para subir y bajar cuestas.
Taxis y servicios de transporte local permiten salvar los tramos más empinados o desplazarse hasta atractivos un poco más alejados del centro.
Al moverse sin prisa, el viajero descubre detalles que a primera vista pasan desapercibidos: una fuente escondida detrás de una esquina, un balcón cubierto de flores, un campanario que se asoma entre tejados, una puerta de madera que guarda historias de otros siglos. En esa suma de escenas, Oro Preto despliega el encanto de sus iglesias doradas y del legado de Aleijadinho, que sigue vivo en la piedra, en el oro y en la luz que cae sobre las colinas de Minas Gerais.
