Salud en el viaje: qué no puede faltar en tu botiquín al visitar alturas como La Paz o Cusco

Té de coca.
Té de coca.ymgerman

Al aterrizar en ciudades como La Paz (3.625 m s. n. m.) o Cusco (3.399 m s. n. m.), muchos viajeros sienten que les falta el aire apenas bajan del avión. El famoso “soroche” —el mal de altura— puede transformar unas vacaciones soñadas en una secuencia de dolores de cabeza, náuseas y agotamiento extremo.

El cuerpo en altura: qué pasa y quiénes tienen más riesgo

A partir de los 2.500 metros sobre el nivel del mar, la presión de oxígeno disminuye de forma significativa. El organismo responde aumentando la frecuencia respiratoria y cardíaca, lo que en la mayoría de los casos se traduce en síntomas leves y transitorios: dolor de cabeza, sensación de falta de aire al esfuerzo, insomnio ligero o fatiga.

La Paz, Bolivia.
La Paz, Bolivia.

Sin embargo, en algunas personas el cuadro puede intensificarse y evolucionar hacia un mal agudo de montaña: cefaleas intensas, náuseas, vómitos, mareos, falta de apetito y una sensación de desgaste extremo.

En casos poco frecuentes pero graves, puede aparecer edema pulmonar o cerebral de altura, que constituyen una emergencia médica.

Corren mayor riesgo:

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  • Quienes ascienden de manera rápida (por ejemplo, vuelo directo desde el nivel del mar).
  • Personas con antecedentes de mal de altura en otros viajes.
  • Viajeros con cardiopatías, enfermedades respiratorias crónicas, hipertensión no controlada o anemia.
  • Niños pequeños, adultos mayores y embarazadas, que requieren valoración individualizada.

Por eso, los médicos insisten: el botiquín es importante, pero no reemplaza la consulta previa, especialmente si se padece una enfermedad de base o si se planean actividades de alta exigencia física, como trekking o escalada.

El corazón del botiquín de altura: qué no debería faltar

Cada país tiene regulaciones específicas y la automedicación no está exenta de riesgos. Sin embargo, hay grupos de fármacos y productos que suelen ser recomendados por profesionales para viajes a gran altura, siempre que se utilicen bajo indicación médica y siguiendo las dosis adecuadas.

Cusco, Perú.
Cusco, Perú.

1. Medicación específica para el mal de altura. El medicamento más citado en guías internacionales para prevenir el mal agudo de montaña es la acetazolamida. Se utiliza como profilaxis en personas con factores de riesgo o que deben ascender rápido, y también puede ayudar a aliviar síntomas leves ya instalados.

Pero no es un comprimido “inocuo”: puede generar parestesias (hormigueos en manos y pies), alteración del gusto, aumento de la diuresis y, en algunos casos, reacciones alérgicas. Además, está contraindicado en ciertas patologías renales o en personas alérgicas a las sulfonamidas.

En países andinos como Perú y Bolivia circulan distintas “pastillas para el soroche” de venta libre, que combinan analgésicos, cafeína y otros componentes. Su uso requiere leer con atención la etiqueta, respetar las dosis y evitar superponerlas con otros analgésicos que el viajero ya lleve en su botiquín.

Los expertos subrayan un punto central: ningún medicamento sustituye la medida preventiva más efectiva, que es la aclimatación gradual y evitar esfuerzos intensos durante las primeras 24 a 48 horas.

2. Analgésicos y antiinflamatorios. El dolor de cabeza es uno de los síntomas más frecuentes en los primeros días en altura. Llevar analgésicos habituales —como paracetamol o ibuprofeno— ayuda a controlar molestias leves a moderadas.

El paracetamol suele ser la primera opción en personas con problemas gástricos, mientras que el ibuprofeno y otros antiinflamatorios no esteroideos están contraindicados o deben usarse con mucha cautela en personas con úlcera, insuficiencia renal o ciertos tratamientos concomitantes.

Igualmente importante es evitar la sobredosis involuntaria: muchos medicamentos para “resfrío” o “gripe” ya contienen analgésicos, lo que puede llevar a duplicar dosis sin advertirlo.

3. Medicación para náuseas y mareos. Los cambios de presión, el vuelo y la propia altura pueden desencadenar náuseas o mareos. Contar con un antiemético prescrito por un médico puede ser útil, sobre todo si el viajero tiene antecedentes de cinetosis (mareo por movimiento) o ha sufrido náuseas intensas en viajes anteriores.

En algunos países se utilizan fármacos como dimenhidrinato o metoclopramida, pero presentan contraindicaciones y posibles efectos adversos (somnolencia, alteraciones neurológicas en casos raros), por lo que no deben tomarse a la ligera ni combinarse con alcohol.

4. Hidratación y sales de rehidratación oral. La altura favorece la deshidratación: el aire es más seco y se pierde más líquido al respirar. Además, la diuresis puede aumentar, en especial si se utilizan medicamentos como la acetazolamida.

Llevar sobres de sales de rehidratación oral o soluciones listas para usar ayuda a prevenir y tratar cuadros leves de deshidratación, sobre todo si se suman diarreas del viajero, vómitos o exposición al sol. No sustituyen al agua, pero ayudan a reponer electrolitos.

5. Tratamiento habitual de enfermedades crónicas. Quienes padecen hipertensión, diabetes, asma u otras enfermedades crónicas deben viajar con:

  • Sus medicamentos habituales en cantidad suficiente para todo el viaje, más algunos días extra.
  • Una copia de las recetas y, de ser posible, un informe médico breve en el idioma local o en inglés.
  • Inhaladores de rescate para personas asmáticas o con EPOC, aunque no estén en fase aguda.

Algunos fármacos pueden requerir ajuste de dosis en altura o presentación especial (por ejemplo, insulina que necesita conservarse en frío). Estos puntos deben planificarse con el profesional de cabecera.

6. Tratamiento básico para problemas frecuentes de viaje. Además del mal de altura, es común enfrentar pequeñas urgencias de salud que pueden arruinar un itinerario. Un botiquín completo para ciudades como La Paz o Cusco suele incluir:

  • Medicación para diarrea del viajero, prescrita por un profesional, y probióticos si están indicados.
  • Antiespasmódicos para molestias digestivas leves, siempre evitando automedicarse ante dolor intenso o persistente.
  • Antihistamínicos orales para reacciones alérgicas leves, teniendo en cuenta que pueden causar somnolencia.
  • Un pequeño kit de curaciones: gasas, apósitos, desinfectante, crema antibiótica tópica, entre otros.

Aunque estos problemas no estén directamente relacionados con la altura, su frecuencia en el viaje justifica su inclusión.

Entre la tradición y la evidencia: coca, infusiones y remedios locales

En regiones andinas, el consumo de hoja de coca, mate de coca o caramelos derivados es parte de la cultura y se promociona como forma de aliviar el soroche. Muchos viajeros aseguran sentir alivio, aunque la evidencia científica sobre su efectividad es limitada.

Hojas de coca.
Hojas de coca.

Las infusiones calientes —de coca o de hierbas locales— pueden contribuir indirectamente a la hidratación y proporcionar una sensación subjetiva de bienestar. Sin embargo, no están exentas de matices:

  • La hoja de coca y sus derivados tienen un estatus legal específico en cada país. Lo que es legal en Bolivia o Perú puede ser ilegal en otros destinos, especialmente al cruzar fronteras internacionales.
  • Pueden generar interacciones en ciertos tratamientos o dar positivo en algunos controles antidopaje.

Los profesionales recomiendan informarse antes de consumir productos locales, preguntar en farmacias y centros de salud oficiales y no tomar por inocuo todo lo que se vende como “natural”.

Precauciones especiales en niños, embarazadas y mayores

No todos los medicamentos aptos para adultos son adecuados para niños, embarazadas o adultos mayores. Las dosis cambian y algunos principios activos están contraindicados.

En niños, la adaptación a la altura suele ser buena, pero la dificultad está en identificar síntomas si no pueden expresarlos claramente. Para estos grupos, las sociedades médicas coinciden en que el paso previo, antes de comprar un solo comprimido, es una consulta específica de medicina del viaje o pediatría/neonatología.

En el embarazo, la altura puede suponer un estrés adicional para madre y feto, por lo que la recomendación es doble: evaluación obstétrica previa y evitar automedicación por completo.

Cómo llevar el botiquín en el equipaje

Las normas de seguridad aérea permiten transportar medicamentos, pero conviene respetar algunas reglas prácticas:

  • Llevar los fármacos en su envase original, con prospecto, y nunca en pastilleros sin identificación.
  • Distribuir parte del botiquín en el equipaje de mano, por si se extravía la valija despachada.
  • Portar una carta o informe médico para medicamentos inyectables, insulina, jeringas o fármacos sujetos a control especial.
  • Revisar con anticipación las normativas del país de destino, sobre todo si se transportan psicofármacos, opioides u otros medicamentos controlados.

Viajar con copias digitales de recetas e informes médicos en el teléfono o en la nube puede facilitar la atención en caso de necesitar asistencia sanitaria en destino.

Más allá del botiquín: medidas que valen tanto como las pastillas

El contenido del botiquín es solo una parte de la estrategia. Las recomendaciones más insistentes de los profesionales guardan relación con el comportamiento del viajero:

  • Ascender de forma gradual siempre que sea posible. Si se vuela directo a una ciudad muy alta, conviene dedicar los primeros días a actividades suaves.
  • Evitar el ejercicio intenso, el alcohol y las comidas copiosas las primeras 24 a 48 horas.
  • Mantener una hidratación adecuada, bebiendo agua de forma regular.
  • Reconocer las señales de alarma: dificultad severa para respirar en reposo, tos con espuma o sangre, confusión, inestabilidad para caminar, dolor de cabeza intenso que no cede con analgésicos. En estos casos, la indicación es buscar atención médica urgente y, si se recomienda, descender de altura.

La Paz, Cusco y otras ciudades andinas han desarrollado una infraestructura turística habituada a recibir viajeros con mal de altura: hoteles con oxígeno suplementario, clínicas cercanas y farmacias con productos específicos. Sin embargo, la responsabilidad última de la prevención recae en el viajero.