Con buena parte de Sudamérica encaminándose hacia los meses más fríos, Río de Janeiro ajusta su oferta para un escenario inverso: el invierno austral como ventana privilegiada para el aire libre y una agenda turística que combina playa, deporte y naturaleza con actividades top como el avistamiento de ballenas jorobadas.

La ciudad brasileña busca consolidarse como escapada regional para quienes priorizan sol, actividades al exterior y opciones culturales y de entretenimiento en expansión.
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El dato que marca tendencia: más turistas desde Paraguay
El movimiento turístico desde Paraguay hacia Río muestra un salto nítido. Embratur (organismo oficial de promoción internacional de Brasil) reporta que en 2025 llegaron 3.501 turistas paraguayos a la ciudad.

En lo que va de 2026 ya se contabilizan 10.962, un incremento que, en plena antesala del invierno, refuerza la lectura de Río como destino competitivo dentro de la región.
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Clima estable y playas con otra cadencia
De acuerdo con Visit Rio, fundación dedicada a promover el turismo local, el invierno carioca suele ofrecer un paquete difícil de igualar en Sudamérica: días soleados, baja humedad y máximas cercanas a los 25°C.

Con ese telón de fondo, la experiencia de playa cambia de ritmo: menos congestión, más espacio para caminar y descansar, y mejores condiciones para actividades deportivas.
El abanico va desde los íconos urbanos —Copacabana e Ipanema— hasta tramos más tranquilos como Barra da Tijuca, Recreio dos Bandeirantes, Grumari y Prainha.

Visit Rio también subraya que esta época coincide con una buena temporada de olas, lo que atrae a surfistas, además de quienes practican beach tenis o futvóley.
Entre junio y noviembre, el otro “gran espectáculo” de Río ocurre mar adentro
Más allá de la arena, el invierno abre una escena natural de escala continental: la migración de las ballenas jorobadas. Entre junio y noviembre la costa de Río se convierte en un corredor de paso y observación de estos cetáceos, que recorren más de 4.000 kilómetros desde áreas cercanas a la Antártida hacia aguas brasileñas más cálidas.

Entre junio y agosto, la presencia se vuelve especialmente notable frente a Río por el tránsito asociado al ciclo reproductivo: las ballenas dejan regiones polares —donde se alimentan— y avanzan hacia zonas de reproducción, parto y crianza.
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Excursiones de avistaje: qué se ve y desde dónde salen
En Río, el avistaje suele realizarse mediante excursiones embarcadas, con salidas desde puntos como Barra da Tijuca y también desde Ilha Grande, de acuerdo con Visit Rio.
En esos recorridos, el “primer aviso” suele ser el chorro de agua al respirar. Luego aparecen conductas en superficie que forman parte del repertorio típico de la especie en zonas de reproducción: exhibición de la cola, golpes con aletas pectorales o caudales y, en ocasiones, saltos completos fuera del agua.
El antecedente que explica el presente: del Abrolhos a la conservación
Detrás del auge del avistaje hay una historia institucional. Visit Rio remite al Proyecto Ballena Jorobada, cuya trayectoria se vincula a la prohibición de la caza de ballenas y delfines en Brasil en 1987.

En el Parque Nacional Marino de Abrolhos se identificó entonces una población remanente de jorobadas, lo que permitió confirmar el valor de esa región como zona de cría en un momento en que la especie estaba seriamente amenazada en el Atlántico Sur.
La guía de Visit Rio señala que en 1988 se realizaron los primeros cruceros de fotoidentificación y se iniciaron intentos de estudio desde estaciones terrestres. Con la expansión de actividades y el patrocinio de Petrobras, el trabajo derivó en 1996 en la creación del Instituto Baleia Jubarte, una ONG sin fines de lucro enfocada en conservar jorobadas y otros cetáceos en Brasil.
El crecimiento gradual de la población brasileña de jorobadas y su salida de la lista oficial de especies amenazadas en Brasil en 2014 llevaron a ampliar la investigación, la educación y la capacitación orientada al turismo de avistaje, para enfrentar nuevos desafíos de conservación asociados a esa recuperación.
Reglas de oro: lo que está prohibido durante la observación
Visit Rio enfatiza que el avistaje responsable depende de operadores que cumplan normas diseñadas para proteger a los animales y a los pasajeros por lo que se insta a recurrir a operadores turísticos autorizados para acceder a estas actividades.
Entre las prohibiciones y medidas destacadas por la guía figuran:
- No acercarse a menos de 100 metros de una ballena con el motor encendido; el motor debe mantenerse en punto muerto.
- Encender el motor para alejarse del grupo solo antes de volver a observar claramente a la(s) ballena(s) en superficie a una distancia mínima de 50 metros de la embarcación.
- No perseguir a una ballena con el motor en marcha durante más de 30 minutos, incluso respetando distancias.
- No interrumpir el desplazamiento de los cetáceos ni intentar cambiar su rumbo o dispersar el grupo.
- No acercarse a un individuo o grupo ya observado simultáneamente por dos embarcaciones.
- No nadar ni bucear con ballenas u otros cetáceos.
- Evitar la aproximación de aeronaves por debajo de 100 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Más informaciones en visitrio.com.br
