Darío y el imperio persa: un coloso frágil

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Este inmenso imperio estaba dividido en provincias dirigidas por un gobernador, el sátrapa, encargado de recaudar los impuestos y de controlar a las comunidades políticas locales. En tales funciones le auxiliaban tres funcionarios que eran llamados “ojos y oídos del rey”. El centro administrativo del Imperio era la ciudad de Susa, que estaba unida mediante una red de caminos.