Lo mismo se habrán preguntado aquellos soldados comandados por el pretor de Hispania Ulterior, Marco Fulvio Nobilior en nos cuentan los libros de historia el antiguo, viejo y olvidado año de 193 antes de Cristo. La República, el Reino del Mundo, decidió que era hora de que Toletum pase a manos de Roma, sin importar si rodaban cabezas celtíberas, o vacceas; pueblos que poblaban esas lejanas regiones del que era entonces fin del mundo: la península ibérica.
Daba igual. Roma debía conquistar el mundo, y un poco más allá.
Una calle ancha, mentirosa, saluda y da la bienvenida a los turistas. Nadie se imagina que dentro de un cerco de piedra los caminos se hacen estrechos, tan estrechos que una persona apenas podría pasar por entre ellos. Pero mientras la mentira dura, impacta un símbolo inequívoco: es la Puerta de Bisagra, una estructura construida por los musulmanes en el siglo XII y reformada unos 300 años después.
Los musulmanes conquistaron Toledo en el siglo VIII luego de una pasantía invasora de los visigodos. El Reino de Castilla y León lo recuperó en 1085 luego de la conquista de Alfonso VI. Los folletos promocionales de la ciudad insisten: Toledo fue romana, visigoda, española, poblada por judíos, cristianos y musulmanes. Fue una ciudad multicultural y, sin duda, es una atemporal. Poco más allá del casco histórico hay unas ruinas del circo romano y un poco más acá, está el museo de los sefardíes (como se llama a los judíos que vivieron en España y Portugal, o a sus descendientes). Los escaparates de las tiendas están llenos de réplicas de pequeños muñecos ataviados con armaduras que llevan estampadas consigo la cruz de Jerusalén, símbolo de las cruzadas.
Es que sobre todo, Toledo fue el corazón del Reino de España sede de la Corte hasta 1563 - y desde donde Isabel y Fernando, le dieron la venia a Cristóbal Colón para que sepa llegar más rápido a las Indias Occidentales. Que lo haga, el muy loco.
Las joyas de los visigodos y los recuerdos romanos se siguen encontrando en cada excavación. La imponente catedral de la ciudad conserva frescos de El Greco, de Tiziano, de Velázquez y Bellini.
Los visitantes no dejan de caminar por las calles empedradas. Orientales, latinos, nórdicos, musulmanes; todo converge en Toledo. Uno supone que sin los turistas, aquello sería un recuerdo lúgubre del tiempo, una mala jugada del destino. Es por eso que en plena crisis del euro, cuando España tiene 5.400.000 desocupados y otros cinco países como Italia, Holanda y Bélgica entraron oficialmente en recesión económica la semana pasada, el negocio de recibir extranjeros o paisanos que no residen ahí es un bálsamo no solo para Toledo, sino para todo el país.
Toledo, con su catedral primada, llegó a ser el centro eclesiástico católico de la península ibérica cuando eran tiempos de evangelizar a los infieles en las nuevas y florecientes Indias Occidentales. Desde ahí se hacían y deshacían nombramientos, órdenes, condenas. Y lo más importante: se realizaban autos de fe.
Hay, también, un lado más que oscuro. El primer auto de fe eventos en donde víctimas de la Inquisición española debían responder ante un Tribunal creado por los reyes católicos y liderado primeramente por el cruel Tomás de Torquemada se realizó en la ciudad en agosto de 1486. Hay un recorrido especial por ese lado intrigante, oculto que los guías de la ciudad evitan comentar ¿O están especializados por recorridos? Es más, hay un museo de elementos de tortura.
Edgar Allan Poe cuenta, con detalles, el suplicio de un hereje condenado en una celda de Toledo en el magnífico relato El pozo y el péndulo, publicado en 1842. Describir las atrocidades de la Santa Inquisición merecería un artículo aparte.
En la plaza de Zocodover, al subir la cruel cuesta que lleva al casco antiguo, converge el punto de partida para conocer Toledo. Ahí está estacionado una suerte de tren-auto con pequeños vagones, la Casa del mapa donde se regalan, como es de suponer, mapas, y se brinda el servicio de turismo -, y hay bares. Bares y más bares que venden mazapanes, algo así como el postre tradicional del lugar.