La sexualidad como lenguaje

Por ser humana, la sexualidad no es una pulsión solamente, ella es un lenguaje, es una intención de encuentro. Claro que está enraizada en las pulsiones más incoercibles del hombre, pero no es puramente pulsión; más bien en la sexualidad, la pulsión se hace lenguaje, comunicación, verdad -la verdad del amor- relación de dos personas.

Ya no se trata de un deseo tumultuoso de una energía peligrosa que reprimir, sino de una expresión humana de reciprocidad. Entonces, lo esencial de la ética en la sexualidad es mantener en el gesto sexual la persona humana, dejar aparecer lo que, a través de él, se quiere expresar.

El cuerpo ya no se ve como algo externo, puramente biológico, como medio de placer, sino en su intencionalidad emocional, psíquica y expresiva. De hecho, una conducta sexual siempre es una conducta expresiva de una relación hacia el otro, en el respeto o en el desprecio, en la protección o en el dominio, en el abandono confiado o en el engaño. Este lenguaje fuertemente emocional de la sexualidad siempre lleva consigo el riesgo de un hundimiento en la subjetividad narcisista, pero también es ocasión de perderse en el abandono confiado en el otro.

Y como la sexualidad pone en juego las potencias emotivas más vitales de la persona, su lenguaje está cargado de elementos conscientes e inconscientes. Es por ello un lenguaje siempre ambiguo. Este es su riesgo y su riqueza. El lenguaje sexual necesita de la palabra para que la relación emocional sea más plena en el intercambio vivencial. Hay una dialéctica entre la palabra y el gesto, entre las palabras y el cuerpo para dar su sentido a la sexualidad.

Desde antes de Platón se tuvo al cuerpo como un obstáculo para el espíritu. El cuerpo es malo y solamente la procreación justifica la actividad sexual. La herencia maniquea siguió influyendo en el pensamiento occidental para condenar el cuerpo y la sexualidad. Agustín introdujo el dualismo platónico en la filosofía y en la teología. Actualmente, la antropología ya no admite el dualismo alma y cuerpo: el alma es la vida del cuerpo; el cuerpo es la encarnación de la vida. Toda la persona es alma y toda es cuerpo: espíritu encarnado.

Entonces, la sexualidad comprende al hombre entero, su sentido es precisamente la realización de la persona. Para ello, la sexualidad tiene que ser consciente, madura, y se manifiesta en el encuentro amoroso entre hombre y mujer, que es un encuentro desinteresado en la esencia misma de las personas. El sentido de la sexualidad no es el placer y la satisfacción personal, sino el encuentro, el amor, la perfección de la persona. Por supuesto, en las relaciones conyugales se realiza el encuentro de la esencia de dos personas para la creación de una vida nueva.

El hombre tiene que vivir su sexualidad como algo propio de su ser personal, espíritu encarnado. Por mucho tiempo la sexualidad fue reprimida y considerada como mala; ahora, como una reacción surge desenfrenada y todo lo inunda: tesis y antítesis. La síntesis correcta es integrar la sexualidad en la personalidad total, porque en realidad, lo sexual pertenece a la esencia del hombre, es corporal y espiritual al mismo tiempo.

Cuerpo y alma no son dos partes del hombre, son dos elementos que se compenetran tan íntimamente, que hacen el misterio del hombre. La integración dinámica no es fácil, solo se logra cuando la persona es libre y tiene amor. La integración se llama donación. Es preciso no quebrantar la armonía de la integración, para no buscar lo sexual por sí mismo, pretendiendo aislar el cuerpo del espíritu.

Finalmente, podríamos decir que el sentido verdadero de la sexualidad, su significación humana y profunda, es el encuentro personal, es el amor. Cuando se pierde esta dimensión, la sexualidad se reduce a instinto animal y las personas mediatizadas, se convierten en puros instrumentos de placer.

Frases para reflexionar

”Lo esencial de la ética en la sexualidad es mantener en el gesto sexual la persona humana, dejar aparecer lo que, a través de él, se quiere expresar”.

“La sexualidad no es una pulsión solamente, ella es un lenguaje”.

“En la sexualidad, la pulsión se hace lenguaje, comunicación, verdad -la verdad del amor- relación de dos personas”.

“El cuerpo no es algo externo, puramente biológico, o un medio de placer, sino que tiene una intencionalidad emocional, psíquica y expresiva”.

“La sexualidad pone en juego las potencias emotivas más vitales de la persona. Su lenguaje está cargado de elementos conscientes e inconscientes”.

“La sexualidad comprende al hombre entero. Su sentido es precisamente la realización de la persona”.

“El sentido de la sexualidad no es sólo el placer y la satisfacción personal, sino el encuentro, el amor y la perfección de la persona”.

“Las relaciones conyugales se realizan en el encuentro de la esencia de dos personas para la creación de una vida nueva”.

“Cuerpo y alma no son dos partes del hombre, son dos elementos que se compenetran tan íntimamente que hacen el misterio del hombre”.

“La integración dinámica no es fácil, sólo se logra cuando la persona es libre y tiene amor”.

“El sentido verdadero de la sexualidad, su significación humana y profunda, es el encuentro personal, es el amor. Cuando se pierde esta dimensión, la sexualidad se reduce a instinto animal”.

Próxima entrega: “Amor y matrimonio”.
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