La tradición de vestir a la Virgen

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La imagen de la Virgen del Rosario es vestida y ornamentada con vestidos y joyas obsequiadas por los devotos, en agradecimiento por los milagros que la protectora obró en ellos. El Niño Jesús también requiere los mismos cuidados.

Graciela Miranda de Orrego, desde los 18 años de edad es la encargada de vestir a la Virgen. Heredó la tradición de dos generaciones de su familia, según comentó.

“Creo que con tantas prendas que le regalan sus hijos voy a tener que cambiarla cada dos días”, dijo emocionada.

“Desde que tenía cinco años comencé a ayudar a la primera encargada de vestir a la Virgen, doña Andrea Meza. Después de que ella falleció lo hizo mi tía, Patricia Barrios, pero yo siempre estuve para ayudarla y ahora me toca a mí servir a nuestra madre”, manifestó.

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Graciela dijo entre lágrimas que ella es una simple servidora de la Virgen. El tiempo que ella emplea en “arreglarla” es retribuido con creces con salud y la unidad de su familia, expresó.

Los vestidos que le regalan a la Virgen tienen bordados con detalles de lentejuelas, canutillos y pedrerías. Otros son delicados bordados a mano, con hilos de plata y oro. También hay atavíos hechos de ao po’i, con bordados en ñandutí, como el que la madre común de los luqueños lució durante el novenario.

“Pienso que después de las fiestas patronales tengo que vestirla con un modelo diferente cada tres meses por la gran cantidad de vestidos que tiene. Sus hijos seguro que quieren verla con la prenda que le regalaron”, exclamó.

El vestido más antiguo de la Virgen tiene 30 años; data de 1979. Está bordado a mano íntegramente con hilos de plata y oro por las monjas de la congregación Carmelitas Descalzas, recreando un jardín de lirios. Esta es la prenda que tendrá puesta hoy en el día central de las festividades.

Cuando Graciela Miranda termina de vestirla a la Virgen, la señora Kika de Santacruz se encarga de peinarla y colocarle la corona desde hace poco más de diez años.