El premio a la estupidez en campaña

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La alborotada situación política del Paraguay es similar a un caldo avá, de esos que se preparan en los lugares más recónditos del país. Toneladas de grasosa menudencia hierven en un espeso líquido difícil de digerir para cualquier comensal.

No soy analista político pero esta acotación la hago según lo que pude observar en las últimas semanas, en Asunción. Las menudencias son las propuestas de los candidatos en sus campañas propagandísticas y el espeso líquido es el espectro político actual mientras que los comensales son los electores que terminarán siendo los que deciden si el producto es bueno o no, tras consumirlo -en teoría-.

Como los paraguayos somos omnívoros, terminamos consumiendo lo que nos ponen en la mesa. La mayoría -a excepción de una minoría que se autodenomina delicada- sigue la premisa de que, en cuanto más grasoso, es más rico y si no se puede comer, se le agrega limón, y listo. “Esto tiene mucha grasa”, dice el degustante que, finalmente y pese a que el producto no fue de su agrado, termina limpiando el plato con un pedazo de felipito.

Si volcamos esta burda comparación en el clima actual del país, nos damos cuenta de que las campañas políticas resultan efectivas sea malo o bueno el contenido de las mismas.

Un claro ejemplo ocurrió en los últimos días con el candidato de la lista 1, Arnaldo Samaniego, quien a diario recibe todo tipo de críticas por la gestión que realizó y el apuro proselitista con el que encara las obras viales en este último trimestre del año.

“Uno más de los perros”, “El número uno del Defensores del Chaco” y ahora “El gimnasta” fueron características personificadas por Arnaldo en sus últimos spots publicitarios. De estos videos, surgieron memes, críticas, repudio e incluso notas periodísticas y posteos en redes sociales donde se bombardeó la actitud del intendentable.

Las burlas en esta nueva era se hacen a través de memes. Los grupos de WhatsApp, los muros de Facebook y la línea de tiempo de Twitter se llenan de ellos. Es difícil calcular cuántos gráficos se hicieron del candidato con Pipino Cuevas, Chilavert, Micky Riego del AMCHA y ahora con una máquina de gimnasia (por citar a algunos)... todos y cada uno de ellos incluyen la figura de Samaniego.

En estos gráficos se incluye la imagen del candidato y, los que no lo entienden, simplemente están obligados a ver el spot para comprender -por lo menos- a qué se refiere la burla que se realiza. Mal o bien, se habla y se difunde contenido del postulante al que se está criticando.

Hay que recordar que la sociedad paraguaya en general -no hablo de toda- está acostumbrada a premiar las manifestaciones en la que se dejan en evidencia la cavernaria idioscincracia que caracteriza a la mayoría de la población. Son claros ejemplos los casos de popularidad obtenidos por personajes como “El Borracho de la Arbolada”, “Pea Amóa” y los últimos el diputado Carlos Portillo y “Rico Comidita”, especies de nuestra variada -pero pobre- fauna, que pasaron de ser villanos a connotados héroes del vyroreí con los que “el pueblo” empezó a tomarse selfies. ¿Curioso , no es cierto?

Soy de los que piensan que las redes sociales no son el “termómetro de la ciudadanía” y mucho menos marcan “el sentir popular” pero estas herramientas sirven para responder, por lo menos, la desmeritada pero siempre bien atendida cuestión “¿de qué se está hablando?”. La respuesta en los últimos tiempos es “se está hablando del candidato” porque, mal o bien, se habla.

Sabrán él y su equipo qué hacer sobre los comentarios que se hacen alrededor de su propaganda. Es la ciudadanía la que tiene la decisión final y, ojalá, esta decisión sea fruto de un análisis no inducido por la viralización de contenidos que muestran soslayadamente flashes de una capital que no existe -pero que ya nos exhibieron antes- junto a bufonadas que sí hablan de la situación actual de la ultrajada “Madre de ciudades”.