McCartney, somos todos Beatles

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De histórica, mágica y fabulosa puede calificarse la presentación de Paul McCartney en el estadio Defensores del Chaco de Asunción el martes 17 pasado. El show de primer nivel develó varios “misterios”: Que los Beatles siguen vivos, que Paul está intacto, que los cuatro de Liverpool dejaron de ser un grupo de rock para formar parte de la cultura universal y que “algo” simpático y curioso ocurre en Paraguay a parte de los “tres conejos en un árbol...”.

Paul tenía motivos suficientes para entregarse de lleno -como lo hizo- al público paraguayo: 55 años de carrera musical, 50 años de los Beatles (lanzamiento del primer disco “Love me do”), a punto de cumplir 70 años (el 18 de junio) y por primera vez en nuestro país, condimentos suficientes para explicar muchas cosas.

Ahora, ¿cómo lo iba a recibir el público en Asunción? De antemano se sabía que muy bien. ¿Por qué si la mayoría de las radios FM paraguayas se olvidaron de los Beatles?

2. Los muchachos de Liverpool dejaron de ser un grupo de música y pasaron a formar parte de la cultura, son un fenómeno a  nivel mundial con apenas ocho años de carrera grupal. Su música penetró en diferentes segmentos sociales y de todo el mundo. Hicieron canciones casi infantiles como “Obladi oblada” hasta temas potentes como “Helter Skelter” ó “Day tripper”.

Sus baladas tocaron lo más profundo del corazón y como tinta indeleble marcaron nuestros pasos con “Let it be”, “Hey Jude”, “Yesterday” ó “The long and winding road”, entre otros. Varias parejas se formaron con estos éxitos y muchos de nosotros nacimos gracias a estas bellas canciones.

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En medio de la precariedad social y política, los Beatles contribuyeron en gran medida a la primavera musical de la década de los ´60 hasta que llegó su triste disolución en 1970. Cada música formaba parte de la vida de miles de paraguayos, quienes lograron posteriormente influenciar positivamente en sus hijos, esposos/as, primos/as, nietos/as, amigos y así se sumaron más fanáticos por la “ius sanguinis” antes que restar.

Se separaron los Beatles pero John, Paul, George y Ringo iniciaron proyectos musicales distintos que reforzaron aún más esa cultura.

Pasaron las décadas y ese beatlemaniaco  paraguayo formó familia, malcrió nietos y se disfrazó en la sociedad de médico, periodista, arquitecto, asalariado, campesino, comerciante, etc. Vino la tecnología, se robotizó la música y se precarizó la literatura; murieron el vinilo y el casete pero el espíritu Beatles seguía intacto, bien guardado. Nadie iba a cambiarlo y soñaba con que el dinero le alcance para ir a ver alguna vez a Paul o Ringo (los únicos sobrevivientes) a un país vecino.

 El simple rumor de la actuación de McCartney en Paraguay revivió ese viejo sueño, que se concretó el martes. Como paradoja de la vida, un señor a punto de cumplir 70 años nos devolvió ese espíritu de juventud que se pierde con la rutina diaria.