Es categórico que tener una visión política no significa llenarse los bolsillos a costa del contribuyente, a pesar de que eso se vuelva una práctica frecuente, sobre todo en los países del tercer mundo.
Por su parte, el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en su libro, “La civilización del espectáculo”, asegura que la política, al igual que la cultura, hoy se encuentra banalizada, bastardeada o alterada. Para el escritor, esto hace que la gente desconfíe de los políticos y de la política en general, lo que convierte a las sociedades en meras espectadoras de escándalos políticos, gubernamentales o individuales de sus actores principales.
En días anteriores, periodistas, politólogos y estudiantes aseguraban que el encuentro de los cuatro principales candidatos a presidente de la República en un foro organizado por Cerneco en realidad no era un debate y, que aunque lo fuera, no representaría cambio sustancial en cuanto a la intención de voto de los ciudadanos. En primer lugar, hay que aclarar que debate, según el diccionario, significa “controversia sobre una cosa”, “contienda, lucha, combate”.
Contextualmente, sería la confrontación de modelos políticos con el fin de ganar la aceptación y apoyo en las urnas por parte de los individuos de este país.
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En segundo punto, y aún más emblemático, es que la lectura que se le da a este tipo de encuentros está trivializada. La pelea política, en la tradición local, hace mención a campañas de desprestigio del contrincante, pegatinas de afiches, repartijas de calcomanías, discursos populistas (como en todos lados), promesas de renacer la República, etc. No hubo un desarrollo discursivo confrontacional serio durante 24 años de transición. Recién ahora, la clase política está entendiendo que hay un electorado diferente al del fin de la dictadura stronista.
Es obvio que “El debate presidencial” no es “Baila conmigo Paraguay” o “Por fin sábado”, pero, en términos generales, existe como una especie de compararlos a todos por la impresión que causa la política y los políticos en general con la ciudadanía. Y esto es lo que me parece interesante y peligroso a la vez.
Muchos se olvidan que quienes tienen el poder político hacen las leyes que luego deben cumplirse en toda la jurisdicción constitucional. Los actores políticos que están frente a la pantalla por una o dos horas, en pocos meses estarán decidiendo qué hacer con nuestro dinero, en qué gastar y cómo hacerlo. Y lo que es peor, serán ellos mismos los fiscalizadores de que los impuestos “estén bien direccionados”. Es por ello que sí nos debería importar la manera de encarar las propuestas y los modelos o pseudomodelos que nos presentan. A pesar de las ideologías, vivimos en un país centralista y estatista, donde las acciones del Gobierno siguen afectándonos.
El último encuentro de los presidenciables, a diferencia del primero, fue más revelador y un poco menos aburrido.
El candidato del Partido Patria Querida, Miguel Carrizosa, se mostró menos histérico que en la primera edición del debate. Aún así, en algunas ocasiones siguió actuando como seccionalero, haciendo hincapié en el modelo fracasado de los gobiernos colorados y azul de los últimos años. Arengó a favor de una administración pública más honesta, menos corrupta y despartidizada. Recordó, varias veces que su partido se caracteriza por la honestidad, la decencia y la firmeza. En varios bloques no contestó la pregunta formulada y desaprovechó el tiempo al no indicar una ruta fija de Patria Querida.
Con respecto a la educación, Carrizosa prometió despartidizar el Ministerio de Educación y Culto, además de avanzar en un programa de “deserción escolar 0”. Para el área de salud, el representante de la centroderecha indicó que fortalecerá las instituciones estatales que se encarguen del área.
En el área de medioambiente, Carrizosa no supo diferenciar un parque industrial de un parque nacional, aunque luego precisó que para preservar la naturaleza hace falta voluntad política. Recordó a Feliciano Martínez y a su modelo de gestión saludable en Atyrá. Por último, reclamó un debate donde los candidatos puedan discutir entre ellos mismos.
Sin dudas, Patria Querida no es el mismo partido de hace diez años, perdió simpatizantes y su discurso de pureza ya no prende en el electorado. Si quiere mantenerse, deberá reformarse y proponer alternativas. Carrizosa, a mi modo de ver, al igual que en el primer debate, en el segundo encuentro queda en cuarto lugar.
El candidato de la Asociación Nacional Republicana, Horacio Cartes, curiosamente también se mostró a favor de la despartidización de las instituciones públicas, de terminar con el modelo de gobiernos anteriores y de acabar con el clientelismo. Prometió gestión transparente y control total a las labores del Estado.
En su propuesta educativa, el presidenciable colorado señaló que su gobierno reforzará el bachillerato técnico e industrial. Prometió modernización del Ministerio de Educación y Culto y revitalizar el trabajo de los docentes, además de apostar por la meritocracia entre ellos. Hizo hincapié en la capacitación de adolescentes, más allá de la instrucción oficial.
En relación al medioambiente, Cartes alarmó sobre la posibilidad de contaminar totalmente el río Paraguay y dar más espacio a las empresas privadas para que cuiden las reservas naturales y los parques nacionales. Desconociendo quizás datos científicos, Cartes indicó que “no podemos depender del clima”. Como casi todos los candidatos, no tenía ideas claras con respecto al cambio climático.
Cartes, al igual que Carrizosa, no respondió varias preguntas, algunas de sus respuestas fueron repetidas en los 120 minutos que duró el encuentro. No es un buen orador y tampoco sabe improvisar. A diferencia del primer encuentro, en este foro, Cartes estuvo más nervioso e inseguro, por eso se ubica en el tercer lugar.
Mario Ferreiro, de la alianza Avanza País, como en el anterior encuentro, se llevó el protagonismo por su dominio de las cámaras y los tiempos. Comenzó prometiendo triplicar el gasto social durante su administración. Insistió, en varias intervenciones, una gran reforma tributaria, que no es otra cosa que crear nuevos impuestos y subir los actuales.
También indicó que terminará con el clientelismo, el prebendarismo y la partidización de las instituciones públicas.
En materia educativa, Ferreiro, una vez más, se jactó de su candidata a vicepresidenta, y prometió revolución educativa. Dijo que su gobierno gastará mucho más por cada estudiante y no recortará los fondos a la Universidad Nacional de Asunción. El candidato centroizquierdista sostuvo que su Ejecutivo establecerá un sistema de salud pública gratuita y universal.
Ferreiro señaló que falta más presencia del Estado, abogó por un Estado más fuerte, a pesar de que Paraguay es un país estatista, del cual miles de familias dependen del dinero público. Indicó que falta cambiar el modelo agroexportador que sostiene a la economía nacional. Abogó por la agricultura familiar de los campesinos. Y nuevamente, prometió una nueva constitución nacional si llega a ganar.
Prometió barrer con el Congreso mediante los votos y llevar al Paraguay hacia una economía socialista. Estuvo menos entusiasta y se mostró más transparente con sus ideas, queda en segundo lugar en el debate.
El candidato del Partido Liberal Radical Auténtico o de la alianza Paraguay Alegre, Efraín Alegre, fue el único que quería direccionar el encuentro hacia un debate, por sus repetidas ironías y acusaciones hacia el presidenciable colorado, principalmente. Prometió, como Carrizosa y Ferreiro, más impuestos.
Dijo que se opone a la partidización de las instituciones estatales y para ello no se cansó de repetir que su gestión al frente del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones fue transparente, al punto de pedir la supresión de 156 puestos de trabajo. Alegre indicó que la clave para que el país salga del atraso es la educación, por lo que su administración fomentará el emprendedurismo y dará más realce al sector privado en la materia.
Señaló que falta hacer una reforma a la reforma educativa y blindar de más recursos a la educación, además de poner a un técnico al frente del MEC, para que los planes puedan trascender más de un gobierno. El presidenciable de derecha dijo que falta universalizar la salud y que el Estado debe encargarse de la salud de sus habitantes.
Alegre indicó que para preservar los recursos naturales del Paraguay falta darle más espacio al sector privado y que la reforestación debería ser una prioridad para el próximo gobierno. El presidenciable, que tampoco presentó una propuesta clara y efectiva para el país, se mostró más abierto y solvente en esta ocasión, por lo que a mi modo de ver, ganó el debate presidencial.
Los candidatos de la derecha no presentaron una propuesta clara de país, mientras que el de centroizquierda lo hizo, pero ya con un modelo obsoleto y refutado, que no sirve para un país que aún no está desarrollándose, a pesar del crecimiento económico. Al parecer, también desconocen la problemática del cambio climático, obviaron hablar sobre la educación científica, a pesar de que el colorado habló de educación técnica.
Chile, según las estimaciones económicas, será el primer país desarrollado en América Latina, entre el 2018 y 2019 alcanzará elevados índices de desarrollo humano y calidad de vida. En su libro “La transformación económica de Chile, el exministro de Planificación y de Hacienda Hernán Büchi, dice que cuando se le pregunta si es traspasable la experiencia chilena a otros países, responde que sí. “Sí es traspasable, pero sólo en sus principios. Estos funcionan con la misma efectividad en cualquier parte. Pero el cómo hacer las cosas, el qué velocidad imprimirle a la apertura, el qué ha de hacerse antes y el qué después y, tan importante como eso, el con qué grupo de gente se va a hacer la modernización son asuntos que varían de país en país”, apunta Büchi.
“En esto ninguna experiencia es totalmente transferible, por muy exitosa que sea, y es ahí donde entra la creatividad del técnico y la sensibilidad del político”, agrega el fundador de la fundación Libertad y Desarrollo.
Nuestros políticos carecen de visión porque están más preocupados en los votos y en los favores de quienes los acompañan. No hay modelos que sostengan sus ideas y los que tienen planes a futuro, como Avanza País, lamentablemente no tendrán éxito, porque ya no lo tuvieron en los países en donde fueron aplicados.
Los presidenciables tienen ideas poco claras, muy generalistas y hasta populistas, pero no hay planes que trasciendan al cargo de 5 años. No se ve a un presidenciable que apueste realmente por el desarrollo de Paraguay. Se nota un discurso aún estatista, por lo que los defensores de la libertad debemos estar atentos y en estado de alerta. Los debates son divertidos y esenciales, pero más importante es ver si los gobernantes están preocupados realmente por los individuos libres o quieren alentar el establecimiento de una ciudadanía oscurantista y subdesarrollada.