¿A dónde irán las prostitutas?

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Vivimos en la era de la luz pero con muchas tinieblas todavía. Los inquisidores siguen vivos y a veces, tienen poder político. Una pollera corta, una diferencia ideológica o un juego de mesa pueden convertirse en argumentos “jurídicos” para iniciar un proceso judicial de carácter medieval en el Paraguay del 2013.

Asunción es una capital con muchos problemas. No es muy grande, pero la congestión del tráfico, la suciedad, la contaminación, calles destruidas y la falta de espacios verdes sí interesan a los capitalinos. El intendente Arnaldo Samaniego trabaja arduamente, independientemente de los resultados. Pero no es el único representante oficial de los asuncenos. Los concejales de la Junta Municipal legislan, aprueban proyectos de la intendencia o los rechazan, proponen ordenanzas y tratan de “ordenar” la ciudad.

Entre los concejales capitalinos más mediáticos destacan Hugo Ramírez y Yamil Esgaib, ambos del Partido Colorado. Son conocidos no por revolucionar con sus proyectos viables o fantásticos a favor de mejorar la localidad, sino por presentar proyectos descabelladamente autoritarios, alocados o irracionales. Ramírez, había presentado en 2012 una ordenanza municipal que prohibiera la tabla de la ouija, como medida para “evitar suicidios” entre la juventud.

La Junta Municipal derivó el proyecto a una de las comisiones... ¡cuando ni siquiera debía haberlo tratado en plenaria! El colorado es el mismo que propuso prohibir saleros y pimenteros en los locales gastronómicos asuncenos porque hay una elevada cifra de hipertensos en el país. Ramírez, además, propuso: declarar hijos dilectos de Asunción a Larissa Riquelme y a un físicoculturista; declarar de interés municipal al programa televisivo  “Rojo, el valor del talento” y multar a los peatones que hablaran por celular.

Ramírez también promovió las ordenanzas a favor de que en las discotecas toquen polka y guarania, para defender la cultura paraguaya. Para rematar, es homofóbico: quiere limitar la “publicidad homosexual” en los medios de comunicación, cercenando la libertad de expresión.

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Por su parte, su colega Esgaib no se queda atrás. Propuso limitar la labor de la prensa que “difundía” imágenes que afectaban a los niños y censurar todo material que “atentara contra las buenas costumbres” (que finalmente vetó el intendente Samaniego). Ahora, propone reflotar el edicto Riera, que hace 10 años liquidó la vida nocturna de Asunción. El “argumento” que esgrime es que por la madrugada hay más enfrentamientos de jóvenes y accidentes de tránsito.

Esgaib pretende no “ordenar” la ciudad, sino a los ciudadanos y esa es una atribución que no tiene ni la tendrá. Propone cerrar las discotecas a las 2:00, con la amenaza de multas y clausuras definitivas. Las bodegas y restaurantes también sufrirían varias restricciones con el proyecto del concejal colorado. Olvida que el fenómeno de la violencia se da a cualquier hora, en cualquier estrato social y con aval, incluso, de muchas personas. La violencia no se soluciona acortando la libertad individual.

Además, la Junta Municipal también estudia reflotar otra ordenanza que prohíbe la existencia de los prostíbulos en la ciudad. Tiempo atrás, Esgaib había propuesto que las trabajadoras del sexo porten carnet y documentación diferencial para que se sepa que son prostitutas. ¿Segregacionismo, discriminación? Tal vez sea algo peor.

¿Prohibirán los condones? ¿Querrán que la educación sexual se enseñe con Biblia en vez de con ciencia? ¿Promoverán la creación de un estado teocrático? ¿Estarán de acuerdo con construir guetos para trabajadoras del sexo y homosexuales?

Asunción no merece estos concejales, pero los tiene y los seguirá teniendo hasta las próximas elecciones. Son representantes del fundamentalismo cristiano y del oscurantismo presente en el siglo XXI. Estos personajes salidos del Medioevo reciben sueldo público, pagado con impuestos de los asuncenos. No se preocupan por mejorar el nivel de vida de los capitalinos, sino por poner más trabas a su libertad.

No es tiempo de esperar a que cambian las autoridades, los asuncenos no deben salir de su ciudad para divertirse sólo porque a dos degenerados políticos se les ocurre reprimir a la gente. Si se imponen estas ordenanzas trogloditas, los capitalinos podrían rebelarse.