Excursiones de Azara por el Litoral Central

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Mapa de la zona comprendida entre los ríos Paraguay y Paraná, con el noreste de Argentina y sur de Brasil (Ca. 1799), Biblioteca Virtual de Defensa
Mapa de la zona comprendida entre los ríos Paraguay y Paraná, con el noreste de Argentina y sur de Brasil (Ca. 1799), Biblioteca Virtual de Defensa

Resumo a continuación lo que anotó Félix de Azara sobre los terrenos de sus cacerías y los itinerarios que siguió con la distancia que recorrió (cuando la menciona); las leguas las convertí a kilómetros, aunque las cantidades no son las exactas sino que están redondeadas, sobre la base de que 1 legua es igual a 5.000 varas 26 ½ al grado, o a 4.191,83000 metros (Matías Alonso Criado, Mapa de la República del Paraguay, 1888), lo que se ajusta a la siguiente aclaración de nuestro naturalista sobre las leguas del país: son “de cinco mil varas por legua”.

Debe tenerse presente que Azara no midió las leguas que recorrió, sino que las computó “por el andar del caballo y del reloj”, por lo que -como él mismo advirtió- “sólo sirven para dar idea de la longitud de los caminos”.

La Villa de Cuarepotí y el pueblo de San Estanislao, itinerario. Azara estuvo en ellos durante su sexto y séptimo viajes; en enero de 1786 y entre mayo y agosto del mismo año, respectivamente.

En la primera ocasión partió del Presidio de Ypyta el 17 de enero y llegó a la estancia Ybyracapá de Joseph Cohene (19 km.), donde permaneció hasta la madrugada del 20; de ahí se trasladó a otra estancia de Cohene (10 km.), a la de Curuzú -del pueblo de San Estanislao- (17 km.) y a la de Vaca hu -del mismo pueblo- (25 km.). El 21 fue de Vaca hu a San Estanislao (21 km.) y, al día siguiente, marchó rumbo a San Joaquín; sesteó a mitad de camino en un galpón (31 km.). Recorrió en total unos 123 kilómetros entre el Presidio de Ypyta y el referido rancho; para retornar a Asunción empleó el Camino Real de Ajos.

Calidad de los terrenos. Cabalgó por tierra baja, cenagosa y con mucho bosque, no muy lejos de la costa del río Paraguay, en la que sorteó tres lodazales no muy extensos (del Presidio de Ypyta a la estancia Ybyracapá); siguió por un buen camino de carretas, aunque “con algunos atolladeros cortos, con mucho bosque y greda” (entre las estancias de Cohene); y continuó por un camino “idéntico al de la mañana”, pero más torcido y con colinas rojas, desde el cual divisó a la derecha tierras muy bajas que “serán continuación del famoso estero Aguaracaty” (entre la estancia de Cohene y la de Vaca hu).

De Vaca hu a San Estanislao el camino fue alomado, y aunque pisó greda y arena, corría en tierra más alta y entre bosques muy espesos -por lo que dio algunas vueltas-; además, enfrentó un pesadísimo atolladero (origen del arroyo Negro), cruzó el arroyo Tapiracuai (de bastante caudal y corriente), y “algunas lagunas chicas y pantanillos breves”. Descubrió al salir del bosque tres cerritos; tierras de alguna elevación; el pueblo de San Estanislao (asentado sobre una lomita poco alta de tierra colorada); el gran bosque de Caaguazú (a la izquierda del pueblo y sobre una loma más elevada); y el Tapiracuai (en medio de ambos), estos últimos rodeados por bosques de tierras bajas que van hasta el Jejuí.

Lo restante de su recorrido (entre San Estanislao y el rancho donde sesteó) fue por camino alomado, pero mucho más bajo y menos vestido de bosques que los anteriores, de tierra colorada y en buena parte de arena pura y suelta, que corre en un espacioso valle cortado por el Tapiracuai. En ese tramo sorteó 8 arroyos.

Segunda recorrida. Azara llegó por agua al Puerto de la Villa de Cuarepotí en la noche del 31 de mayo de 1786, y en el mismo puerto embarcó el 14 de agosto siguiente para regresar a Asunción. Lo relevante en este viaje fue el trayecto de Cuarepotí a Curuzú, ya que lo demás fue idéntico al del anterior.

Sobre el paraje donde se asentó la Villa de Cuarepotí consignó nuestro naturalista:

“está al Este del río Cuarepotí, que naciendo de unos malezales a 5 o 6 leguas (21 o 25 km.), emboca en el río Paraguay como a una legua (poco más de 4 km.) debajo de la Villeja. En todos tiempos se navega este arroyo desde el Puerto que cae al Noroeste de la Villa, distante un tiro de bala. (…) La calidad de estas tierras son gredosas y bajas”.

Itinerario y calidad del terreno. El 10 de junio de 1786 dejó Cuarepotí -bordeando el bosque Ybyracapá y un malezal que comunica con el Aguaracaty- y entró a un montillo (13 km.), por el que siguió hasta la estancia de Joseph Cueva donde durmió; al día siguiente cortó un bosquecito, superó luego dos potreros y salió del monte de Ybyracapá al valle de Itacurubí; rebasó un bañado que hay en medio de dicho valle y alcanzó la estancia Itacurubí -del pueblo de San Estanislao- (hoy Itacurubí del Rosario) donde se alojó. El 12 partió de Itacurubí y -costeando nuevamente el monte de Ybyracapá-, paró en un rancho para almorzar (21 km.); desde ese rancho cabalgó el 13 hasta Curuzú.

Anduvo por tierras muy bajas y gredosas (entre el bosque de Ybyracapá y el malezal), a las que siguieron carcahuesales (entre el montillo y la estancia de Cueva), y tierras muy llanas de barro y agua (entre la estancia de Cueva y la de Itacurubí), y finalmente un buen camino (entre Itacurubí y el rancho donde se alojó); no describió el que siguió para llegar a Curuzú.

Atyrá y Tobatí: Azara estuvo en estos pueblos durante su segundo y sexto viaje, en agosto de 1784 y abril de 1786; como el segundo recorrido fue idéntico al primero solo resumiré este, con la aclaración de que en los Viajes inéditos se lee que Azara realizó el segundo viaje para perfeccionar su carta y adelantar sus conocimientos ornitológicos, y la siguiente información sobre el río Piribebuy:

“este río acompaña el camino que va a Carii como 2 ½ leguas [poco más de 10 km.] de dónde va a pasar como 2 ½ leguas al Este del pueblo de Tobatí incorporándose con el río de Tobatí en 25° 11′ 6″ de latitud y 0° 30′ 36″ de longitud formando un estero intransitable enfrente del cerrito de Aparipí”. Fue en las inmediaciones del citado Aparipí donde Azara vio 3 o 4 Urukurea chichi (Athene cunicularia).

Itinerario. El 31 de julio se trasladó de Altos a Atyrá (7 km); después de comer siguió por la ladera Sureste de un espacioso valle -cortado por el arroyo Atyrá- y bordeó un espesísimo bosque hasta cruzar el arroyo Carumbey (4 km.); y a otros 4 kilómetros entró a Tobaty.

El 1 de agosto partió de Tobatí y cortó el arroyo del mismo nombre a unos 4 kilómetros; a igual distancia vadeó otro -que sin nombre viene del Este-; atravesó de nuevo el Tobatí -a otros 4 kilómetros-; y llegó a la Capilla de Caacupé, inmediatamente después de pasar el arroyuelo Mborebiguá (17 km.).

Calidad del terreno. Transitó por camino arenoso, salvo en las cañadas donde pisó greda, bastante alomado y muy poblado de bosques (entre Altos y Atyrá, a unos 335 metros antes de llegar atravesó el arroyo Atyrá); siguió por lo mismo pero, entre los arroyos Carumbey y Tobaty, la espesura de los bosques le obligó a dar una gran vuelta y, en la última parte del camino, aparecieron cerritos de peña arenisca que daban “al país diferente aspecto del de los anteriores” que anduvo.

Sobre la situación de los pueblos de Atyrá y Tobatí dijo Azara que era llana; el primero, cerca del arroyo de su nombre; y, el segundo, sobre una colina de arena que dominaba hermosos y dilatados campos al Norte y Este.

Valle de las Salinas y Areguá. Azara estuvo en cuatro ocasiones en el Valle de la Salinas; en la primera partió de Paraguarí el 2 de julio de 1784 y, luego de atravesar el Valle de Pirayú, se internó en bosques espesos para llegar a la casa de don Anselmo Fleitas (50 km.). Al día siguiente siguió su viaje y, a unos 400 metros de la casa de Fleitas, cruzó el Arroyo de las Salinas.

El camino fue llanísimo y gredoso (en el Valle de Pirayú), y mayormente llano y con bastante arena (entre los bosques). No mencionó cómo era el terreno inmediato al arroyo de las Salinas.

Segundo recorrido. El 2 de agosto de 1784 se trasladó de Caacupé a Areguá, para ello bordeó las Lomas que al Suroeste forman el Valle de Pirayú (6 km.) y, tras otros 2 kilómetros, dejó a la derecha un cerrito redondo y aislado situado en el Valle; cabalgó otros 6 kilómetros hasta doblar la punta de la loma Tapitanguá, en cuya punta Noreste (extremo Sur) está la laguna Ypacaray o Tapaycua que Azara costeó unos 15 kilómetros, dando algunas vueltas para llegar a Areguá.

De este pueblo de mulatos situado sobre una lomita, que domina dicha laguna, se dirigió a Capiatá el 3 de agosto (8 km.).

El camino fue llano y arenisco, en partes gredoso (hasta doblar la punta del Tapitanguá), lo restante fue lo mismo, aunque menos llano, con peñas y piedras, y mucho bosque a sus lados (hasta Areguá); siguió igual hasta atravesar un valle en cuyo centro cruzó el Arroyo Mboiy (4 km.), y desde ahí el camino fue más despejado y menos arenisco (hasta Capiatá).

Tercer y cuarto recorrido. Azara estuvo en las Salinas, por tercera vez, el 25 de octubre de 1784, pero no agregó nada nuevo; y, la última vez, al menos de lo que existe constancia, fue el 30 de enero de 1786 de regreso del Tarumá (Quinto viaje).

Ese día bajó la Cordillera de Azcurra y marchó por la banda Este del Valle de Pirayú, pasó transversalmente a la otra banda de dicho valle (por la que corre el camino de Areguá, que dejó a la derecha sin verlo), y fue a dormir a la casa de un peón, a unos 29 kilómetros de Asunción.

Tapuá: Desde los campos de Tapuá (Limpio) Azara prosiguió tres viajes: a la Cordillera (Segundo), en julio de 1784; al Tarumá (Quinto), en enero de 1786; y, a Quiindy (Sexto), en abril de 1786.

Como para el tercero repitió el camino del primero, me centraré en el recorrido de los dos primeros.

Primer recorrido. El 27 de julio de 1784 fue, del centro de Asunción al Presidio de San Sebastián, por un camino arenoso y cercado de espesos bosques; anduvo luego unos 17 kilómetros, por uno gredoso y con algunas isletas de bosque, hasta la casa de don Joseph Casal. En esa ocasión cruzó el arroyo Arecayá, unos cuatro kilómetros antes de llegar a la casa de Casal, poco antes de su unión con el Damián; esos arroyos forman -próximo al camino- el Surubiy en cuyas orillas e inmediaciones, de bastantes espinillos (Vachellia caven) y algarrobos (Prosopis alba o P. nigra), se extrae sal. Era zona de muchas chacras.

El día 28 por la tarde salió de la casa de Casal y, luego de dar varias vueltas por vallejuelos que hay entre espesísimos bosques (4 km.), llegó al río Salado; lo pasó en canoa pues estaba crecido. Sobre él anotó:

“Tiene su origen en la laguna Ypacaray, y es de escaso caudal, pero cuando el río Paraguay está muy crecido, se derrama por el valle formando una especie de laguna muy cenagosa y ancha, corre el Salado por un espacioso valle, formado por las mismas lomadas que contienen el de Pirayú, de quién es continuación”.

Segundo recorrido. Partió de la chacra de Casal el 14 de enero de 1786 y, a poco más de 4 kilómetros, dejó “a la izquierda la casa del Cura y sitio donde estos vecinos (…) van a hacer su Iglesia”. Continuó, valle arriba, hasta torcer al Este y pasar el Salado en canoa -por estar a nado- frente de la casa de doña María Cabañas. Enseguida se dirigió hacia la Cordillera.

El camino, al otro lado del Salado, tenía “mucha arena y peña arenisca, con árboles no muy espesos, ni gruesos”.

Asunción. Azara vivió en Asunción entre los años 1784 y 1796. Sobre ella escribió:

“Está a la orilla oriental del Río Paraguay (…) su piso es desigual, todo de arena incómoda, y al abrigo del Sur, que es el viento que pudiera refrescarla”.

A unos 10 kilómetros de Asunción estuvo en la chacra de las señoras de Zugasti dónde, en un bosque de guayabos (Psidium guajava), cazó una pareja de Tu’î apyteju (Aratinga aurea).

Itá y Yaguarón: En tres ocasiones estuvo Azara en estos pueblos, durante sus viajes a Villa Rica (Primero), en junio de 1784; a las Misiones (Tercero), en agosto del mismo año; y, a Quiindy (Sexto), en mayo de 1786.

Primer recorrido. El 14 de junio de 1784 se dirigió de Guarambaré a Itá (15 km.). Los primeros 2 kilómetros fue por camino despejado aunque arenisco y en partes gredoso, y los 13 siguientes entre bosques espesísimos, cuyos pocos claros le obligó a dar algunas vueltas por insensibles lomitas.

En los bosques que cruzó halló muchos naranjos agrios [Citrus aurantium]; buenos árboles para construir edificios, pero ninguno mayor de 83 centímetros de diámetro; el Guembé, por primera vez; el Isipó, en increíble número; y una infinidad de Caraguatá, incluso de la especie que los portugueses llaman Banana do Mato. Entre el pueblo y el cerrito de Itá corría el arroyito del mismo nombre, el que desagua en el bañado del Caañabé. Las tierras inmediatas al pueblo son en su mayor parte areniscas y “compuestas de suavísimas lomas ocupadas enteramente de bosque”.

En la tarde del 16 de junio fue de Itá a Yaguarón (13 km.). Marchó en medio de espesos bosques, por tierras muy areniscas, y alomadas con mucha suavidad. Al salir de Itá advirtió un arroyito al Este que, dirigiéndose al Sur, muere en el Caañabé-; y, en las inmediaciones de Yaguarón, algunos cerritos.

El 18 de junio cabalgó de Yaguarón a Paraguarí. A los 3 kilómetros alcanzó un cerrito agudo (sin nombre), el que dejó a la izquierda entre espesísimos bosques y tierra algo doblada, advirtiendo a la derecha tierras despejadas y llanas, con algunas manchas de Caranday (Trithrinax campestris); marchó otros 13 kilómetros y, 4 antes de llegar, le cayó un extraordinario aguacero que le “caló hasta la piel, y un viento furioso, que apenas permitía andar y ver”.

Segundo recorrido. El 20 de agosto de 1784 pasó nuevamente Azara por Itá, esta vez desde la Capilla de Itauguá (25 km.). El camino estaba muy poblado de bosques, incluso dos trozos muy espesísimos de naranjos agrios; era muy arenisco, con suaves desigualdades, y gredoso en los parajes hondos.

El 21 salió de Itá, atravesó con dificultad el río Caañabé y llegó a la estancia Añagaty (del pueblo de Itá). Los primeros 4 kilómetros de marcha fue “por tierra arenisca y de mucho bosque”, siguió un paraje elevado que al Sureste y Oeste dejaba ver dilatados campos despejados, con algunas manchas de bosque y llanos; anduvo unos 6 kilómetros “por campos gredosos, con alguna inclinación al Sur, llano y con pocos pantanillos”, y paró en un cerrito de peña redondo, aislado y cubierto de árboles. A 1 kilómetro de dicho cerro, por terreno gredoso e igual, llegó a un bañado de unos 2 kilómetros de travesía.

Señaló que ese bañado estaba:

“punto menos que intransitable, lleno de espadaña [Typha sp.], agua, y un cieno negro que nos salpicó mucho. El carguero a pesar del mucho cuidado, y de ser bueno, cayó con tanta felicidad que, aunque se ensució toda nuestra ropa y papeles, nada sufrieron los instrumentos, porque con todo cuidado tenían mil envolturas”.

Al final de dicho bañado corría el río Caañabé, que pasó en una canoa; de este río anotó:

“tendría a la sazón poco más de cien varas de ancho [unos 84 metros] y se nadaba. De su agua turbia inferí que estaba algo crecido. Tenía poca corriente y sus orillas, aunque bajas y de greda, siempre son algo más elevadas que dicho bañado o sus inmediaciones, particularidad que se nota siempre en todos los ríos que corren por llanuras, su curso se distinguía en distancia por los árboles de su orilla. Su cabecera está en las vertientes del cerro Ybytimí, y termina en la laguna Ypoá”.

Al Caañabé siguió otro bañado de 1 kilómetro de ancho y, a los 4 kilómetros del paso llegó a la estancia Añagaty, “que está en un altillo arenisco”.

Tercer recorrido. El 1° de mayo de 1786, a su regreso de Quiindy, llegó a Yaguarón luego de haber cruzado el Caañabé; que si bien lo cruzó sin dificultad, para huir de sus bañados, debió dar mil vueltas (completando 17 kilómetros en 3 horas).

En Yaguarón las lluvias lo demoraron hasta el mediodía del 3, y por tarde fue a Itá.

Registro. Luego de viajar con Azara por parte del actual Litoral Central llegó el momento de conocer a las 27 especies de aves que colectó ahí.

NORTE. De la Villa de Cuarepotí son: el Pepoasa (Xolmis cinereus), el Yryvu ruvicha (Sarcoramphus papa), el Chipíu (Sicalis luteola), el Manimbe (Ammodramus humeralis), y el Ypaka’a (Aramides ypecaha); y,

De San Estanislao: el Jaku apetĩ (Pipile jacutinga), el Mbembéi (Forpus xanthopterygius) -no fue un registro preciso, pero sí que le refirieron que habitaba en el Tarumá y que solo durante el invierno bajaban al Sur, donde Azara vio una bandada de ellos (en Tapuá)-, y el Guyra pytá'ĩ (Coryphospingus cucullatus) -el registro de esta ave tampoco fue preciso, pero Azara consignó que fue identificada por un indio montés de San Estanislao-;

CENTRO. De Atyrá son: el Japu (Psarocolius decumanos) -este individuo lo mató Azara en Atyra, pero ya se lo citó entre los que no pudo cazar en el río Curuguaty-, y el Maitaka (Pionus maximiliani); y,

De Tobatí: el Urukurea chichi (Athene cunicularia) -Azara no menciona quién se lo vendió, pero sí que en los viajes que realizó en el Paraguay, entre 1784 y 1787, solo había visto 3 o 4 de estas aves “junto al Cerro de Aparipy [Aparypy, en Tobatí]”, razón por la cual lo colocamos aquí-;

OESTE. De Tapuá es: el Ypekú aka pyta (Campephilus melanoleucos) y el Ypeky (Heliornis fulica) Lo mató don Juan Machain en el río Paraguay (inmediaciones del Peñón -Tapuá-, grado 25);

De Asunción: el Pyti’ayumí (Parula pitiayumi), su Basacaraguay 2ª especie (especie que aún no pude determinar), y el Karichu (Capsiempis flaveola) -la hembra la compró del mismo muchacho de Cuarepotí-;

De la chacra de las señoras de Zugasti (a unos 10 km. de Asunción): el Tu’î apyteju (Aratinga aurea);

Del Valle de las Salinas: el Ano guasu (Crotophaga major), el Tuja kue (Coccyzus cinereus), el Kiri kiri’i (Falco sparverius), y, el Yrupero (Xolmis irupero); y,

De Areguá: el Tuere guasu (Tityra cayana), y el Pitangua guasu (Megarhynchus pitangua); finalmente,

SUR. De Itá son: el Kiri kiri guasu (Falco femoralis) y el Hoko pytã (Tigrisoma lineatum); y,

De Yaguarón: el Kiri kiri (Milvago chimachima) y el Ñandái (Nandayus nenday) -este último consignó Azara que abundaba también en las inmediaciones de Asunción-.