Sin llevar astronautas a bordo, reingresó a la atmósfera terrestre a una velocidad de 40.000 km/h y soportó un calor de 2.800 grados centígrados, la mitad de la temperatura del sol.
El principal objetivo de la misión era probar el escudo térmico de Orión, el mayor que se ha construido, con 5 metros de diámetro. Se necesitaron 11 paracaídas para frenar la caída y luego tocar el agua con una velocidad de 30km/h.
La cápsula, que no mostraba daños aparentes, permanecería en el agua unas dos horas para recopilar información sobre el calor inducido en su interior. Había recorrido más de 2,2 millones de kilómetros desde su despegue el 16 de noviembre.
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