Ovnis, ¿hay algo o alguien más ahí?

Los Objetos Voladores No Identificados, Ovnis, UFO, en inglés, o más recientemente Fenómenos Aéreos No Identificados, UAP, de sus siglas también en inglés, son desde hace tiempo uno de los mayores misterios de la humanidad.

Un extraño efecto lumínico visto en 2009 sobre la base militar de Skjold, en el norte de Noruega. EFE/Anita Olsen PROHIBIDA SU PUBLICACIÓN EN NORUEGA
Un extraño efecto lumínico visto en 2009 sobre la base militar de Skjold, en el norte de Noruega. EFE/Anita Olsen.ANITA OLSEN

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Después de muchos años de preguntas sin respuesta y especulaciones sobre Ovnis y naves extraterrestres, la NASA publicaba recientemente las conclusiones de un informe que revelaba que muchos de los avistamientos en el espacio aéreo son “creíbles”, pero también hay “anomalías” en los cielos u objetos que siguen sin identificar.

“Tenemos que admitir que hay cosas por ahí que no entendemos y, de hecho, algunas de ellas no se entienden bien”, según David Grisnpoon, el científico principal del Instituto de Ciencias Planetarias.

El mundo puso en común el término de “platillo volador” a partir del 24 de junio de 1947, cuando el piloto estadounidense, Arnold Kenneth, volaba en su avioneta desde Chehalis a Yakima, en el Estado de Washington, y avistó un grupo de nueve objetos brillantes con forma de media luna y de apariencia metálica que se desplazaban a gran velocidad.

Pero ¿los hay?, ¿hay alguien más ahí?. “Anomalías en los cielos” haberlas haylas, así lo ha constatado la NASA recientemente, y por ello, con todas las herramientas actuales al alcance, inteligencia artificial incluida, se trata de cambiar el discurso sobre el fenómeno del sensacionalismo a la ciencia.

Haberlos haylos, pero pocos

Después de muchos años de preguntas sin respuesta y especulaciones sobre Ovnis y naves extraterrestres, en septiembre de 2023 la NASA publicaba las conclusiones de un informe, encargado a expertos, que revelaba que muchos de los avistamientos en el espacio aéreo son “creíbles”, pero también hay “anomalías” en los cielos u objetos que siguen sin identificar.

Como ejemplo el informe citaba un “elemento plateado con forma de orbe en el Medio Oriente”, captado por un dron en 2022, así como una nave sobre el mar que detectó la Armada estadounidense y que, pese a los exhaustivos análisis, la conclusión fue la “incertidumbre”.

En 2023 los especialistas del equipo formado por la NASA para estudiar los UAP contabilizaban unos 800 fenómenos anómalos detectados en las tres últimas décadas, de los que afirman no haber encontrado datos que sugieran una conexión directa entre éstos y la vida extraterrestre, es decir, “tienen explicaciones convencionales”, pero también hay una minoría que no se sabe qué son.

“Tenemos que admitir que hay cosas por ahí que no entendemos y, de hecho, algunas de ellas no se entienden bien”, según David Grisnpoon, el científico principal del Instituto de Ciencias Planetarias, integrante del equipo autor del estudio, que apuesta por la “necesidad de más datos de alta calidad”.

“Usaremos la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para buscar anomalías en los cielos y continuaremos buscando habitabilidad”, en palabras de Bill Nelson, administrador de la NASA, por si la hubiera.

En la noche de los tiempos

La inquietud sobre la existencia de vida en el universo, más allá de la Tierra, no es nueva. Se remonta a la noche de los tiempos y es consustancial a la historia de la humanidad.

En el año 223 antes de Jesucristo, en la Roma antigua, el historiador Dion Cassio escribía: “En Ariminium, una luz brillante como el día iluminó la noche, en numerosas regiones de Italia tres lunas aparecieron en el transcurso de la noche”.

También hay quien ve en la expresión bíblica del profeta Zacarías, cuando habla de “carros voladores de forma cilíndrica”, una descripción de algo procedente del espacio exterior, así como en la del profeta Ezequiel, que en el primer capítulo de su libro habla de un objeto “como el carbón ardiente que lanzaba resplandores y del que salieron cuatro ruedas”.

Discos volantes, bolas de fuego, soles que bailaban, etc., eran las denominaciones para referirse al fenómeno en tiempos remotos, ya que, en la época de Séneca, en la de Platón, en la Edad Media, o en el siglo XIX, no existía el concepto Ovni, que se clasificó alrededor del primer milenio cristiano como “assud” - volador desconocido -.

Nace el fenómeno Ovni

Y mucho tiempo pasó hasta que el mundo puso en común el término de “platillo volador”.

Fue en el siglo XX, concretamente el 24 de junio de 1947, cuando el piloto y empresario estadounidense, Arnold Kenneth, volaba en su avioneta desde Chehalis a Yakima, en el Estado de Washington, con la misión de encontrar un avión del Cuerpo de Marines accidentado que había caído en la zona.

Lo que avistó, sin embargo, fue un grupo de nueve objetos brillantes con forma de media luna y de apariencia metálica que se desplazaban a gran velocidad. “Tenían forma de discos, parecían platillos volantes”, dijo el piloto norteamericano, considerado el primer testigo de un avistamiento moderno de un objeto volador no identificado, según entienden los ufólogos.

La prensa de la época, que se hizo eco de lo sucedido, utilizó el término “platillo volador” y así se tradujo a todos los idiomas de la Tierra. Había comenzado el fenómeno Ovni y a raíz de lo visto por Kenneth surgieron ya múltiples y similares observaciones por todo el mundo.

Casi todos tienen explicación

Pero si bien la mayoría de los fenómenos UAP tienen explicaciones convencionales, y como dice el científico Grinspoon, responden a “aviones comerciales, drones civiles o militares, globos de investigación, equipos militares, fenómenos meteorológicos o fenómenos ionosféricos”, quedan eventos “que no entendemos”.

Así, para solventar dudas y evitar problemas de seguridad en los cielos, añade que hay que “trabajar en busca de datos de alta calidad”, dejar de ver a los UAP como “algo sensacionalista” y empezar a estudiarlos como fenómenos puramente científicos.

Mientras tanto, la sonda Pionner 10 de la NASA, conocida como el mensajero de la humanidad y que está en el espacio desde 1972, pese a que su misión finalizó en 1997, viaja con destino a la estrella Aldebaran, en el centro de la constelación Tauro, en una peregrinación de dos millones de años si es que antes no choca con un cuerpo cósmico o con una civilización extraterrestre.

Si así ocurriera, los miembros de esa civilización encontrarán, al abrir la sonda, una placa de oro con la imagen de un hombre y una mujer e información sobre nuestro diminuto planeta llamado Tierra.

Por: M. Ángeles Martínez Merino para EFE Reportajes.

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