Los científicos creen que el último ancestro común entre los humanos modernos, los neandertales y los homínidos de Denísova (así llamados por las cuevas de Siberia donde se hallaron) vivió hace entre 765.000 y 550.000 años. La pregunta por responder es dónde habitó.
Los restos descritos son una mandíbula adulta casi completa, una segunda mitad de mandíbula adulta, una mandíbula infantil, numerosos dientes y vértebras. Todos ellos fueron desenterrados en 2008 en una cueva conocida como ‘Grotte à Hominidés’, en el yacimiento Thomas Quarry I de Casablanca.
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El territorio que rodea esta ciudad marroquí ha contado con las condiciones ideales a lo largo de miles de años para la conservación de fósiles y restos arqueológicos del Pleistoceno.
Los investigadores estudiaron, mediante una moderna tecnología denominada datación magnetostratigráfica de alta resolución, tanto los restos fósiles como los sedimentos circundantes, concluyendo que corresponden a hace unos 773.000 años, explica a EFE uno de los autores, Asier Gómez, investigador de la Universidad del País Vasco (norte de España).
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Gómez formó parte del vasto equipo internacional y multidisciplinar que se encargó de describir los restos. En concreto, estudió las vértebras cervicales y torácicas halladas, y las comparó con otras piezas similares de homínidos previamente estudiadas.
Esto indica que corresponden al periodo en el que los linajes humanos euroasiáticos y africanos comenzaron a diferenciarse a finales del Pleistoceno temprano.
Gómez subraya que el hallazgo conocido hoy “ayuda a entender mejor cómo fue el antepasado común entre el neandertal y el sapiens, y subrayar la división existente entre unos y otros, que debió de producirse hace más de 800.000 años”.
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Carácter multidisciplinar de la investigación
El investigador del área de Geología de la Universidad del País Vasco incide en que la descripción tan precisa que lograron de los restos fue posible no solo gracias a las nuevas tecnologías, sino al carácter multidisciplinar de la investigación, que incluyó a expertos en numerosas áreas científicas, algo “fundamental para entender la evolución humana”.
El hallazgo fue bien recibido por parte de la comunidad que estudia la paleoantropología en España, líder a nivel internacional.
La nueva investigación, coinciden los expertos en este campo científico, refuerza la idea de que la diferenciación regional entre Europa y el norte de África comenzó en el Pleistoceno temprano y pone el foco en el Magreb como región clave para entender esa fase de diversificación.
