Cuando vuelva a funcionar (mediados de 2030) ya no se llamara Gran Colisionador de Hadrones o LCH, como se le conoce en la comunidad científica y de aficionados, sino Colisionador de Hadrones de Alta Luminosidad (HL-LHC), en el cual la cantidad de colisiones de partículas aumentará diez veces, generando así las condiciones para observar fenómenos inéditos en el campo de la física.
"A pesar de que pararemos el LHC, van a ser años muy intensos porque será la preparación para la próxima etapa, en realidad será un largo proceso de construcción", afirmó el nuevo director general del CERN, el británico Mark Thomson, quien el 1 de enero asumió el cargo, que durante diez años ostentó la italiana Fabiola Gianotti.
En una reunión con un pequeño grupo de medios, entre ellos EFE, Thomson expuso sus prioridades para el próximo lustro.
La primera es la puesta en marcha del HL-LHC, una máquina que seguirá utilizando el anillo subterráneo existente de una circunferencia de 27 kilómetros, pero a un nivel de energía tan elevado que se espera permita entender mejor el que ha sido el mayor y más mediático descubrimiento del CERN en sus 72 años de existencia: el Bosón de Higgs.
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"El Bosón de Higgs es algo que no se parece a nada de lo que hayamos podido ver antes y no es una exageración. En un tipo de materia totalmente diferente y más que eso. Incluso si llegáramos al lugar mas lejano del universo, a la nada, sentiríamos su presencia porque de muchas manera determina las propiedades del universo", explica.
Esa partícula fundamental -recuerda- aporta la masa a todas las partículas que se conocen.
Thomson recuerda que entre las preguntas que los físicos se siguen haciendo es si hay una solo o más partículas comparables con el singular Bosón de Higgs o quizás más de un tipo de este último.
Los trabajos en los que entrará el acelerador de partículas del CERN implican que en la última parte del anillo se sustituirán los actuales imanes por otros más potentes que aumentarán de forma considerable las colisiones de protones.
Además se reemplazarán buena parte de los componentes de los detectores que actúan como cámaras gigantes que captan esos choques en nanosegundos (milmillonésima parte de un segundo).
El CERN es una organización europea con 25 Estados miembros (más diez asociados), pero tiene acuerdos de colaboración con países diversos, como Estados Unidos, que suministrará los nuevos imanes para el HL-LHC, como una contribución a la organización, que valora esta tecnología en unos 73 millones de euros (al actual tipo de cambio).
En contrapartida, el centro de física entregará a Estados Unidos equipamiento para su mayor proyecto de física de partículas (Deep Underground Neutrino Experiment), dedicado a la investigación de los neutrinos, una partícula subatómica elemental.
"Vamos a tener una máquina más brillante, con más datos, y vamos a tener mejores cámaras, con las que obtendremos muchos más datos y, con cada dato que obtengamos, tendremos una imagen mejor y más clara de lo que está sucediendo", sostiene Thomson.
Actualmente, las cámaras de los detectores funcionan a 40 millones de fotogramas por segundo, cada 25 nanosegundos toman fotografías, pero todos esos datos son imposibles de almacenar y es para dar solución a esto que entrará en escena la inteligencia artificial.
"No hay suficiente almacenamiento en el mundo para estos datos, no creo que podamos hacerlo. y tenemos que tomar decisiones muy rápidas, en microsegundos, sobre qué datos queremos conservar", explica el doctor en astrofísica experimental de partículas.
Frente a tales ambiciones, Thomson confía en la cohesión de los países europeos para mantener su apoyo al CERN en todos los niveles, pese a las incertidumbres y crisis geopolíticas actuales.
"En toda Europa existe la sensación de que tener un lugar como el CERN, donde Europa se une y hace cosas realmente increíbles, añade valor a Europa y la pone en la vanguardia tecnológica", reflexiona a inicio de su mandato de cinco años.
