La investigación, liderada por científicos de la Universidad Penn State (Estados Unidos) y publicada en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', apunta que algunos aminoácidos de Bennu pudieron formarse de una manera distinta a lo que se pensaba, bajo las duras condiciones del sistema solar primitivo, en un entorno radiactivo y gélido.
"Nuestros resultados cambian por completo la narrativa sobre cómo creíamos que se formaban los aminoácidos en los asteroides", defiende Allison Baczynski, investigadora de geociencias en Penn State y coautora principal del estudio.
"Ahora parece que existen muchas condiciones en las que estos componentes básicos de la vida pueden formarse, no solo cuando hay agua líquida templada. Nuestro análisis ha demostrado que hay mucha más diversidad en las rutas y condiciones de formación", subraya la científica.
Bennu lleva mucho tiempo intrigando a los investigadores por su órbita cercana a la Tierra y su composición rica en carbono. Los científicos postulaban que el asteroide contenía restos de agua y moléculas orgánicas y teorizaban que asteroides similares podrían haber traído estos materiales a una Tierra primigenia.
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En 2020, la nave espacial OSIRIS-REx de la NASA recogió muestras de Bennu y en septiembre de 2023, mientras la nave sobrevolaba la Tierra, dejó caer una cápsula con las muestras que aterrizaron en el desierto de Utah, donde fueron recuperadas para su estudio.
En total, había unos 120 gramos de material, aproximadamente el peso de una pastilla de jabón y el doble de la cantidad requerida por la misión.
Para analizar el preciado y escaso polvo espacial -no más que una cucharadita- el equipo usó instrumentos capaces de medir isótopos (ligeras variaciones en la masa de los átomos), en especial la glicina, el aminoácido más simple (una pequeña molécula de dos carbonos que sirve como uno de los pilares básicos de la vida).
Los aminoácidos se encadenan para formar proteínas, que realizan casi todas las funciones biológicas, pero la glicina puede formarse bajo una amplia gama de condiciones químicas y suele considerarse un indicador clave de la química prebiótica temprana.
Que esté presente en asteroides o cometas indica que algunos de los ingredientes fundamentales de la vida pudieron formarse en el espacio y ser transportados a la Tierra primitiva.
Los nuevos resultados sugieren que la glicina de Bennu podría no haberse formado en agua tibia, sino en hielo congelado expuesto a la radiación en los confines exteriores del sistema solar primitivo.
Durante décadas, los científicos han examinado meteoritos ricos en carbono, como el famoso meteorito Murchison que cayó en Australia en 1969.
El equipo de Penn State comparó los resultados de Bennu y de Murchison.
Las moléculas de Murchinson parecían haberse formado mediante un proceso que requería agua líquida y temperaturas suaves, condiciones que podrían haber existido en los antiguos cuerpos progenitores de tales meteoritos y en la Tierra primitiva.
"Lo que es una verdadera sorpresa es que los aminoácidos en Bennu muestran un patrón isotópico muy diferente al de Murchison, lo que sugiere que estos cuerpos probablemente se originaron en regiones del Sistema Solar químicamente distintas", apunta la coautora principal, Ophélie McIntosh.
De cara al futuro, los resultados plantean nuevos misterios como que los aminoácidos se presentan en dos formas de imagen especular (como la mano izquierda y la derecha). El equipo seguirá trabajando para desentrañar el origen de Bennu y sobre los inicios de nuestro sistema solar.
