Sangrado nasal: causas reales y errores que empeoran la situación

Sangrado nasal, imagen ilustrativa.
Sangrado nasal, imagen ilustrativa.Shutterstock

Un sangrado nasal puede disparar el miedo: “se me subió la presión”. Pero la relación es más compleja. La hipertensión no siempre provoca epistaxis; con frecuencia la presión sube después por estrés, y aun así puede dificultar que el sangrado se detenga.

El mito: “si sangra la nariz, es por presión alta”

La epistaxis (sangrado nasal) suele originarse en la parte anterior del tabique, donde hay vasos muy superficiales y frágiles. Las causas típicas son resequedad, rinitis, cambios de temperatura, microtraumas (sonarse fuerte, hurgarse la nariz), infecciones e irritantes ambientales.

En ese contexto, la hipertensión arterial no aparece como el “disparador” más frecuente. De hecho, en muchos episodios la presión se eleva como respuesta al susto, el dolor, la hiperventilación o la consulta de urgencia: un fenómeno de estrés agudo que puede confundir la secuencia causa–efecto.

Cuando la hipertensión sí importa: no siempre inicia el sangrado, pero puede agravarlo

Aunque no sea la causa principal, la presión arterial elevada puede jugar un papel relevante en la evolución del episodio. En particular, se asocia con sangrados más difíciles de controlar o con mayor tendencia a reaparición, sobre todo en personas con hipertensión crónica mal controlada o con daño vascular.

Sangrado nasal, imagen ilustrativa.
Sangrado nasal, imagen ilustrativa.

En términos simples: la hipertensión no “abre la canilla” por sí sola en la mayoría de los casos, pero puede hacer más difícil “cerrarla”, porque el flujo puede sostenerse con más fuerza y la hemostasia (el freno natural del sangrado) puede tardar más.

El factor emocional: ansiedad, hiperventilación y microtraumas

La ansiedad es una gran amplificadora del problema. Puede elevar la presión arterial transitoriamente y, al mismo tiempo, favorecer condiciones locales para que sangre la nariz:

Sangrado nasal, imagen ilustrativa.
Sangrado nasal, imagen ilustrativa.
  • Tocarse o hurgarse la nariz sin darse cuenta (microtraumas repetidos).
  • Respirar por la boca por sensación de falta de aire: reseca mucosas y empeora la irritación nasal.
  • Hiperventilar: aumenta la sensación de urgencia y lleva a sonarse, inhalar con fuerza o manipular la nariz.
  • Aumentar la presión intranasal al sonarse fuerte o “probar” si ya paró: puede desalojar el coágulo recién formado.

La escena es común: sangrado → miedo → hiperventilación → presión más alta y más manipulación nasal → sangrado que se prolonga.

Qué hacer en el momento (y qué no)

La técnica correcta suele ser suficiente en la mayoría de las epistaxis anteriores:

Inclinarse hacia adelante (para no tragar sangre), respirar por la boca con calma y comprimir la parte blanda de la nariz (alas nasales, no el puente) de forma continua durante 10 a 15 minutos, sin “soltar para mirar”. Si se tiene hielo o una compresa fría, aplicarla sobre la nariz y mejillas como complemento.

Sangrado nasal, imagen ilustrativa.
Sangrado nasal, imagen ilustrativa.

Errores comunes que empeoran la situación: echar la cabeza hacia atrás (aumenta la deglución de sangre y el riesgo de náuseas), introducir algodón o papel sin indicación, sonarse para “limpiar”, o alternar presión intermitente (no da tiempo a formar coágulo).

Cuándo consultar (y por qué conviene medir la presión)

Buscá atención médica si el sangrado dura más de 20 minutos pese a la compresión correcta, si es muy abundante, si hay mareo/debilidad, si ocurre tras un golpe, o si tomás anticoagulantes/antiagregantes.

Y aunque el episodio se corte, si se repite con frecuencia, conviene evaluar causas locales (mucosa seca, lesiones) y revisar el control de la hipertensión: no porque “sea la causa segura”, sino porque puede influir en la gravedad y porque la presión alta sostenida es un riesgo silencioso por sí mismo.