Aproveché los días libres de la Semana Santa para ver series y películas, y me vi gratamente sorprendida con la miniserie “Emergencia radiactiva”, disponible en Netflix. Está basada en un caso real, que ocurrió en Brasil en el año 1987, específicamente en Goiânia, estado de Goiás. Esta es la historia de cómo una fuente de radioterapia abandonada desencadenó una de las peores emergencias radiológicas fuera de una central nuclear.
Qué pasó en el caso real
El accidente comenzó cuando una clínica que había operado equipos de radioterapia dejó abandonado un aparato médico en un edificio en desuso, en medio de disputas y fallas de control. Dos hombres ingresaron al lugar, desmontaron el equipo y se lo llevaron pensando que podrían venderlo como chatarra.

En el proceso abrieron el cabezal que contenía la fuente radiactiva: un pequeño encapsulado con cesio-137 en forma de cloruro de cesio, un material que puede presentarse como polvo o gránulos. Parte del contenido fue liberado y terminó en manos de más personas: pasó por un depósito de chatarra, se repartió por curiosidad y se diseminó en objetos, ropa y viviendas.
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La señal más engañosa fue su aspecto: el material emitía un resplandor azulado bajo ciertas condiciones, lo que lo volvió “atractivo” para manipularlo.
El resultado fue una contaminación extendida en barrios enteros. Las autoridades confirmaron cientos de personas contaminadas (las cifras más citadas rondan las 200–250 con distintos niveles de exposición), decenas requirieron atención hospitalaria y cuatro murieron por síndrome de irradiación aguda.
Se demolieron casas, se retiraron toneladas de suelo y objetos, y la ciudad quedó marcada por el estigma y el miedo.
Qué es el cesio-137: para qué sirve y cuáles son sus características
El cesio-137 (Cs‑137) es un isótopo radiactivo producido principalmente por la fisión nuclear. Su vida media es de aproximadamente 30 años, lo que significa que permanece activo durante décadas.

Decae a bario-137m y emite radiación beta y, sobre todo, gamma (muy penetrante), capaz de atravesar materiales y afectar tejidos internos y externos.
Por su intensidad y estabilidad relativa, el Cs‑137 se ha usado en medicina (históricamente en radioterapia), en equipos industriales de medición (gamas para calibración, control de densidad o nivel), en investigación y para calibrar instrumentos.
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Precisamente por eso está sometido a regulaciones estrictas: cuando se pierde el control de la fuente, el riesgo no es teórico, es inmediato.
Por qué fue tan devastador en el caso de Brasil
Lo que volvió particularmente grave el episodio de Goiânia no fue un “gran volumen” de material, sino la combinación de factores: una fuente huérfana (sin custodia), una sustancia fácil de dispersar y una radiación capaz de dañar sin dar señales.
El cloruro de cesio puede comportarse como polvo fino y adherirse a piel, ropa y superficies; además es soluble, lo que aumenta el riesgo de incorporación al organismo por contacto, inhalación o ingestión.
A diferencia de un objeto radiactivo compacto que se mantiene “contenido”, aquí el material se propagó por viviendas, calles y comercios, elevando la exposición de quienes ni siquiera sabían que estaban frente a una fuente peligrosa.
Qué diferencia a este caso del de Chernóbil
Chernóbil (1986) fue un desastre nuclear: la explosión y el incendio de un reactor liberaron grandes cantidades de múltiples radionúclidos a la atmósfera, con impacto transfronterizo y consecuencias ambientales masivas.
Goiânia fue una emergencia radiológica: no hubo reactor ni explosión, sino una fuente médica mal gestionada que terminó en un circuito de chatarra. El alcance fue mucho más localizado, pero con una lección igual de contundente: la radiación puede convertirse en tragedia cuando falla la cadena de custodia, la señalización y la respuesta temprana.
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La miniserie dramatiza el impacto humano; el caso real, además, expone algo estructural: el peligro no siempre está en una central nuclear, a veces está en un equipo olvidado detrás de una puerta.