“Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás, ni siquiera (quienes viajaron en las misiones) Apolo”. Con esa frase, Reid Wiseman, comandante de Artemis II, resumió lo que él y los otros tres astronautas vivieron este lunes 6 de abril al sobrevolar el lado oculto de la Luna, se lee en un artículo de la BBC.
El paso por esa región fue uno de los objetivos centrales de la primera misión tripulada que orbita la Luna organizada por la NASA desde 1972.

Al completarlo, la tripulación también alcanzó otro hito: se convirtió en el grupo de seres humanos que más lejos ha llegado en el espacio, al superar el récord de 400.171 kilómetros establecido por la misión Apolo 13 hace más de medio siglo.
Antes del sobrevuelo de Artemis II, China ya había logrado enviar dos sondas al lado oculto: Chang’e 4 (2019) y Chang’e 6 (2024). Esta última, además, recogió muestras y las llevó de regreso a la Tierra para su estudio. Pero no fueron misiones tripuladas.
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“Oculto” no significa “a oscuras”
Aunque se lo conoce como “lado oculto”, no es una zona permanentemente oscura: recibe tanta luz solar como la cara visible. Lo que lo hace “oculto” es que no puede observarse desde la Tierra.

La explicación está en la dinámica entre ambos cuerpos: la Luna tarda en rotar sobre sí misma exactamente el mismo tiempo que en completar una órbita alrededor de la Tierra. Este fenómeno, llamado rotación sincrónica, provoca que el satélite siempre presente la misma cara hacia nuestro planeta.
La primera vez que la humanidad vio imágenes de esa región fue en 1959, cuando la sonda Luna 3, enviada por la entonces Unión Soviética, captó las primeras fotografías.
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Una región difícil de explorar y comunicar
La singularidad del lado oculto implica un reto técnico decisivo: las señales radioeléctricas terrestres no llegan directamente hasta allí. Esto vuelve más complejas y arriesgadas las operaciones, porque la comunicación con una nave o un módulo en esa cara requiere infraestructura adicional.

“Como no podemos comunicarnos directamente con el lado oculto desde la Tierra, otra nave tiene que ponerse en órbita en torno de la Luna para transmitir las órdenes del centro de control y recibir los datos”, explicó Martin Barstow, profesor de la Universidad de Leicester, en declaraciones recogidas por The Guardian con motivo del alunizaje de la segunda sonda china.
Un paisaje más antiguo, abrupto y frío
En comparación con la cara visible, el lado oculto presenta un aspecto claramente distinto: una corteza más antigua y gruesa, con un relieve más accidentado, abundantes cráteres y numerosas montañas.
Una hipótesis científica citada para explicar esa diferencia apunta a la influencia térmica de la Tierra durante las primeras etapas de la formación lunar. Según esta idea, la cara orientada a nuestro planeta se mantuvo más caliente durante más tiempo, mientras que la cara opuesta se enfrió antes, favoreciendo el desarrollo de una corteza más gruesa.
Este contraste convierte al lado oculto en un registro especialmente valioso: al estar mejor conservado, es considerado esencial para comprender la evolución de planetas rocosos como la Tierra.
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“No termina de estar claro por qué el otro lado de la Luna es tan distinto al que vemos, pero todas las explicaciones que se manejan se lo achacan a la influencia de la Tierra, un insólito planeta habitado que no se escucha ni se ve desde el lado oculto de la Luna”, señaló David Galadí Enríquez, profesor del departamento de Física de la Universidad de Córdoba (España), en un artículo publicado en The Conversation.
Artemis II y el foco en los cráteres: el caso del Mare Orientale
Entre las tareas de Artemis II estuvo la observación del terreno, en particular de los cráteres, desde la órbita. La tripulación documentó lo visto con video y fotografía.

En esa región se encuentra el Mare Orientale, un “mar lunar” de 930 kilómetros de ancho, descrito como el más grande y el más joven de los numerosos cráteres formados durante una prolongada lluvia de asteroides conocida como el “Bombardeo Intenso Tardío”, iniciada hace unos 4.000 millones de años.
“Orientale reviste una gran importancia para comprender la formación de cráteres de impacto en todo el sistema solar”, afirmó Kelsey Young, científica lunar jefe de Artemis II, a la revista Nature.
Aunque ya había sido fotografiado por sondas robóticas, esta misión representó la primera ocasión en que ojos humanos pudieron apreciarlo directamente.
Lo que aportaron las misiones chinas: temperaturas y agua
Las misiones Chang’e aportaron datos adicionales sobre el entorno físico del lado oculto. Según sus resultados recientes, allí la temperatura puede llegar a ser hasta 100 grados centígrados más baja que en la cara visible, y en su superficie se ha detectado menos agua que en el lado que mira a la Tierra.
“La idea principal es que la mayor parte del agua de la Luna proviene de impactos de meteoritos”, explicó Sara Russell, experta en meteoritos, en un artículo del Museo de Historia Natural de Londres.
Base científica, radioastronomía y potencial minero: por qué importa el lado oculto
El interés por esa región no se limita a la ciencia planetaria: también se proyecta hacia el diseño de misiones prolongadas y posibles infraestructuras permanentes.
El estudio de la superficie permitiría analizar el desplazamiento del polvo lunar y la dinámica de las sombras, información relevante para planificar futuras operaciones.
La Agencia Espacial Europea (ESA), por ejemplo, planea instalar una base permanente en esa zona para observar el Universo y como escala para futuros viajes a Marte.
Otro elemento clave es el silencio radioeléctrico del lado oculto, que lo convierte en un candidato para instalar radiotelescopios sin interferencias.
A ese potencial científico se suma un interés económico y energético: la región se considera una posible base para la explotación del isótopo Helio-3, un gas que, según lo planteado, podría resolver el problema de energía en la Tierra por los próximos 10.000 años.
Además, se sospecha que su subsuelo alberga tierras raras y minerales de alto valor.
Una nueva carrera lunar
El renovado interés por volver a la Luna —y, en particular, por su cara oculta— se refleja en la actividad reciente y en los planes anunciados.
En los últimos años, además de Estados Unidos y China, también India y Rusia han lanzado misiones, y esos países tienen otras previstas para el futuro.
En conjunto, la combinación de avances tripulados, misiones robóticas, nuevos datos científicos y expectativas estratégicas está transformando al lado oculto de la Luna en uno de los territorios más observados —y disputados— de la exploración espacial contemporánea.
Fuente: BBC
