Utilizando un modelo para estudiar la relación, descubrieron que la resistencia bacteriana no solo aumenta de forma constante a medida que suben las temperaturas, sino que el número de genes de resistencia cambia a lo largo del tiempo de manera "significativa y compleja" según los cambios ambientales, que ayudan a las bacterias a adaptarse a los antibióticos.
Esos cambios ambientales se refieren a ambos extremos, al frío, que promueve la supervivencia bacteriana y la resistencia a los fármacos, y al calor, que acelera las tasas de mutación bacteriana y facilita la diseminación de los genes de resistencia, explica el estudio.
De igual modo, las lluvias abundantes o intensas desbordan las infraestructuras de saneamiento, lo que ayuda a su propagación, mientras que las sequías amplifican el riesgo de transmisión de la resistencia.
Como excepción, el estudio detectó reducciones regionales en la resistencia antimicrobiana en Australia y en algunas partes de África que los autores atribuyen a una combinación de éxito en las políticas implementadas, unas condiciones climáticas específicas en esas zonas y la competencia ecológica entre los microorganismos.
El modelo sugiere que si los países cumplen con los objetivos climáticos de bajas emisiones y refuerzan los esfuerzos para usar los antibióticos de manera responsable, los niveles de genes de resistencia podrían ser un 24% más bajos que en el escenario de mayores emisiones.
Sin embargo, si se mantienen los escenarios climáticos de altas emisiones de carbono, la tendencia se agravará, especialmente en Oriente Medio y Norte de África, seguidos del África Subsahariana, sur de Asia, las Américas, Asia Oriental y Pacífico y, por último, Europa y Asia Central.
Para evitar esta amenaza futura, los autores subrayan la necesidad de combinar las políticas de bajas emisiones para mitigar el cambio climático con una vigilancia epidemiológica mucho más rigurosa que asegure el uso responsable de los antibióticos y una mejor vigilancia de las enfermedades en humanos, animales y el medio ambiente.
Ambos aspectos serán fundamentales para limitar la futura propagación de la resistencia bacteriana, advierten.
De hecho, recuerdan, los modelos predictivos sugieren que cumplir con los objetivos climáticos internacionales podría reducir significativamente la proliferación de estas superbacterias para finales de siglo.
