Dos de los 31 gigantescos y deslumbrantes cuásares descubiertos, que están alimentados por descomunales agujeros negros, son los más antiguos que se han observado hasta ahora, y brillaban con la luz de un billón de soles cuando el Universo tenía ‘solo’ 670 millones de años, el 5 por ciento de su edad actual.
Qué son los cuásares
Los cuásares representan una breve fase en la vida de una galaxia durante la cual grandes cantidades de material caen en espiral hacia el agujero negro supermasivo central, liberando enormes cantidades de energía, y durante esa fase el núcleo de la galaxia brilla con más intensidad que cualquier otro objeto del Universo, a menudo superando en brillo al resto de la galaxia anfitriona por cientos e incluso por miles de veces.
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La ciencia lleva décadas buscando los primeros cuásares del Universo, que revelan información sobre lo que ocurría en los albores del cosmos, incluyendo cómo se formaron los primeros agujeros negros supermasivos y las galaxias, pero los núcleos correspondientes a esa época son muy difíciles de encontrar.
Son raros, ya que pocas galaxias habían tenido tiempo de crecer lo suficiente, y su luz primordial es tenue y fácil de confundir con la de estrellas más cercanas, ha señalado la ESA en el resumen del trabajo que se ha publicado hoy.
“Extremadamente raros y difíciles de detectar”
El telescopio Euclid, lanzado en 2023, profundiza en esta misteriosa parte de la historia cósmica antigua, y ha permitido descubrir esos cuásares primigenios que se remontan a los inicios del Universo, y el investigador Daming Yang, de la Universidad de Leiden en los Países Bajos y autor principal del artículo, ha valorado que al encontrarlos y estudiarlos “podemos comprender mejor cómo se formaron y crecieron tan rápidamente estos enormes sistemas, uno de los mayores misterios de la astrofísica».
Los primeros cuásares que se conocían hasta ahora eran solo, según la ESA, la punta del iceberg: los raros y brillantes ejemplares atípicos que resultaban más fáciles de detectar; pero el nuevo hallazgo de Euclid lo cambia todo, ya que no solo identifica los ejemplares más brillantes, sino a la mayor parte de la población de cuásares antiguos.
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“Estos objetos proporcionan las mejores pistas para comprender cómo se forman los agujeros negros supermasivos”, ha precisado el investigador Joseph Hennawi , profesor de física en la Universidad de Leiden y en la Universidad de California en Santa Bárbara, y ha señalado que estos “monstruos”, con una masa miles de millones de veces superior a la del Sol, ya existían cuando el universo estaba en sus inicios, “aunque todavía no comprendemos bien cómo crecieron tanto y tan rápido”.
Los astrónomos llevan décadas buscando los primeros núcleos galácticos del Universo, pero los cuásares anteriores a los 770 millones de años posteriores al Big Bang son extremadamente raros y difíciles de detectar, y pocas galaxias habían alcanzado el tamaño suficiente para generar uno de esos cuásares, pero incluso entonces, la luz de estos es tan débil que se confunde fácilmente con señales de estrellas más cercanas a la Tierra.
