El torneo amplía este año de seis a veinte los escenarios inspirados en tareas reales, en una apuesta por trasladar fuera de las pistas algunas de las capacidades que los humanoides desarrollan en la competición.
Los entrenamientos previos muestran, sin embargo, las dos caras del desarrollo de los humanoides: mientras algunos juegan al tenis de mesa de forma autónoma, otros todavía tienen dificultades para algo tan elemental como encontrar un balón.
Una pelota de tenis de mesa obliga al humanoide a percibir su trayectoria, anticiparla, decidir cómo responder y ejecutar el golpe en apenas fracciones de segundo.
El robot que estos días entrena en Pekín lo hace sin que nadie maneje sus movimientos.
"Es completamente autónomo", explica a EFE Ping Luo, profesor de la Universidad de Hong Kong (HKU), cuyo equipo lleva seis meses desarrollando el sistema a partir de más de cien horas de datos recopilados de jugadores de alto nivel, cuyos movimientos fueron después transferidos a la máquina.
Durante una demostración ante la prensa, el humanoide adaptaba además su respuesta al rival: devolvía lentamente los golpes suaves y aceleraba ante los más rápidos.
Paradójicamente, los intercambios eran más fluidos frente a jugadores experimentados que ante quienes apenas dominaban la pala.
"No es solo reacción, también [requiere] razonamiento y toma de decisiones de alto nivel", explica Luo.
La aspiración va más allá de la mesa. El profesor apunta a futuras tareas de manipulación en el hogar, y la organización confía en que dominar un desafío de esta complejidad facilite después el entrenamiento de humanoides para escenarios industriales.
Ese salto hacia tareas útiles es precisamente uno de los cambios que la organización quiere imprimir a esta segunda edición.
"Si el año pasado los robots demostraron más sus capacidades deportivas, este año veremos una gran mejora en su capacidad para trabajar", asegura Zhao Dongwei, subdirector de la oficina del comité organizador.
De las 51 pruebas programadas, 30 serán competitivas y 21 recrearán situaciones de la vida real, estas últimas repartidas en veinte escenarios -frente a seis el año pasado- como fábricas, centros logísticos, supermercados, hoteles, operaciones de rescate y entornos domésticos.
También crece considerablemente la escala: de 280 equipos y unos 500 robots en 2025 a 666 equipos y 2.056 máquinas este año, mientras el número de encuentros y pruebas pasa de 487 a 1.301.
Pese a la denominación de 'Mundiales', la participación sigue siendo eminentemente china: la organización cifra en cerca de 30 los equipos extranjeros, procedentes de 16 países, una pequeña fracción del total.
El salto del deporte al trabajo, sin embargo, tropieza todavía con dificultades mucho más elementales.
Durante los entrenamientos de fútbol, algunos humanoides caían al disputar el balón, perdían la orientación o necesitaban tiempo para reincorporarse al juego.
Wu Junyi, estudiante de secundaria y miembro de uno de los equipos participantes, reconoce que su robot tuvo problemas incluso para localizar la pelota.
"Nuestro robot normalmente no podía encontrar el balón", explica a EFE, por lo que el equipo revisará el módulo de visión para identificar el fallo.
La percepción es precisamente una de las áreas en las que continúa trabajando el equipo de la Universidad de Agricultura de China.
Su capitán, Zhang Zhiyuan, señala que, además del reconocimiento del entorno, siguen optimizando el control de movimiento y preparando a las máquinas para responder mejor ante situaciones imprevistas.
Son capacidades básicas para el fútbol, pero también para las aplicaciones que estos Juegos aspiran a impulsar: antes de desenvolverse en una fábrica o un hogar, un robot debe ser capaz de entender qué tiene delante y decidir cómo actuar.
Y mientras todavía queda camino para verlos desenvolverse con soltura en fábricas y hogares, sobre el césped alguno parece haber estudiado ya los archivos del fútbol: ciertas jugadas resultan sospechosamente familiares.
